Cecilia Dreymüller: «En tierras bajas es un libro absolutamente germinal para toda su obra»

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Te invitamos a leer esta charla sobre En tierras bajas, la ópera prima de Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009. Este ciclo de literatura escrita por mujeres es posible gracias a Lexitrans Perú.

Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Rodrigo Pérez “Txisti”.

Conversamos con la ensayista, traductora y editora alemana Cecilia Dreymüller sobre En tierras bajas, la ópera prima de Herta Müller (Premio Nobel de Literatura 2009), quien en los últimos 45 años ha cimentado una escritura de resistencia contra el totalitarismo sostenida por una prosa profundamente poética. Cecilia empezó su trayectoria en la radio alemana y Süddeutsche Zeitung. Al establecerse en España, se desempeñó como crítica literaria de El País y profesora en el Goethe-Institut Barcelona. En 2017 fundó la editorial independiente Tresmolins.

Aunque Herta Müller se editó por primera vez en español en 1990, en Latinoamérica se empezó a leer a partir de que recibió el Premio Nobel de Literatura. Mucho antes ya era estudiada en los departamentos de Filología y tenía muchos lectores en los países de habla alemana.

Desde la perspectiva europea, la cosa cambia un poco porque estamos hablando de 100 millones de posibles lectores de la literatura alemana (Alemania, Austria, Suiza). Por eso la literatura alemana tiene cierto peso, es una industria que se ha creado a través de esta literatura y tiene premios importantes. Herta Müller, una vez que conecta con la literatura alemana en Alemania, una vez que logra salir de Rumanía, encuentra mucho más reconocimiento. Incluso con todas las dificultades que tenía, sí recibió premios literarios en Rumanía. Yo ubicaría a Herta Müller en un primer lugar dentro de la literatura alemana actual.

¿En tierras bajas es un buen inicio para empezar a conocer su obra?

Yo diría que es el mejor inicio. Se lo recomiendo a todo el que quiera conocer su obra por su extensión, por su lenguaje que es impactante, pero sencillo y al alcance incluso de un lector no muy experimentado. En tierras bajas destaca por la densidad, fuerza e impacto de sus imágenes.

Los quince cuentos son como una secuencia de imágenes, pero su efecto hipnótico hace que el texto no se lea fragmentado. El lector se sumerge en ellos para ingresar a un mundo muy particular.

Ese es un gran logro del libro: densifica unas situaciones y las ubica entre la realidad y el sueño. Y todo esto desde la mirada de la niña, que es la perspectiva de una supuesta inocencia. Todo el mundo entra enseguida en esta perspectiva y en este mundo que rodea a la niña, que es probablemente la antítesis de un lugar idílico. Es un mundo cerrado, de gran crueldad, anacrónico y con todos los signos de la decadencia y del vacío. Herta Müller es una autora muy joven cuando lo escribe, está en la veintena. Estos cuentos son lo primero que escribió (en paralelo con sus poemas).

Una adulta que vivió en una dictadura elige a una niña para que sea la narradora. ¿Cómo es posible que negocien la voz de la niña y la conciencia de la mujer adulta?

Herta y yo nos conocimos bastante bien y cuando le pregunté sobre el tema, me dijo que esto le salió natural, que ni siquiera se lo planteó. Los relatos de este libro tienen un fondo autoficcional. Y ella no está lejos de esta experiencia cuando empieza a escribir. Estamos observando escenas desde los ojos de una niña que al principio en algunas escenas puede tener cinco años y en otras, quince. Herta Müller a los 16 años abandona su pueblo natal y se va a la ciudad. Pero la perspectiva es la que le dicta su experiencia.

Como conocedora de su obra, ¿crees que estos cambios de idioma y de dialecto han tenido una influencia importante en su formación como escritora?

Esto juega un papel en su aprendizaje como escritora, pero no tanto en su dedicación a la escritura. Tiene una frase: «La experiencia empuja las palabras hacia un lenguaje determinado». Es decir, la forma de expresión que ella elige es la literatura. Otro campo creativo es el collage. El arte fue una salida de la situación de extrema opresión y de extremo aislamiento. También contó que, durante los primeros años de la universidad, el contacto con la literatura y con gente que escribía fue una salvación. La tradición literaria rumana se desarrolla de forma distinta a como sucede en Europa occidental. En los años de la posguerra, el surrealismo tiene en Rumanía una gran importancia (y sigue teniéndolo). André Breton decía que la capital del surrealismo en los años cuarenta era Bucarest. La tradición literaria rumana fue determinante en la forma de escribir de Herta Müller y las huellas del surrealismo están en todos sus libros. Ese balance, ese vaivén entre lo real y lo onírico… Yo creo que detrás hay una lectora familiarizada con los escritores surrealistas.

Ella ha dicho que psicológicamente se siente más cerca del rumano. ¿Qué continuidad ves entre En tierras bajas y sus obras posteriores?

Me da la sensación de que es una autora con una increíble precocidad. Empieza su obra literaria con una gran madurez. En el fondo ya ha encontrado su tema y su lenguaje en este primer libro. En tierras bajas es un libro absolutamente germinal para toda su obra. Su compromiso con la denuncia de la persecución y de lo que vivió durante la dictadura no se detuvo desde el doloroso descubrimiento de sus propias vivencias hasta asumir un compromiso incuestionable.

Ya en Alemania, a medida que se va alejando de estas experiencias, poco a poco toman más relevancia para ella las experiencias de la generación anterior a la suya, la experiencia de su madre, de amigos de la generación de su madre. A raíz de esta concienciación, escribe Todo lo que tengo lo llevo conmigo. Su hilo narrativo se extiende desde su historia a la historia de la ocupación nazi y de la deportación de la minoría alemana en Rumanía a la Unión Soviética (para ir a los campos de trabajos forzados como compensación por lo que hicieron los nazis). Es una venganza colectiva hacia esta minoría y una de las víctimas fue la madre de Herta Müller. Eso es algo que le rondaba la cabeza. Empieza a investigar. De su madre no conseguía saber mucho porque no quería hablar de su experiencia en el campo de trabajos forzados. A través de su amigo Oskar Pastior, un poeta muy reconocido, que estuvo ahí y fue deportado a los 17 años, ella relata esta parte de la historia rumana. Y lo escribe a cuatro manos con Oskar Pastior. Y poco antes de terminar el libro, él muere. Ella dice que le debe el libro a Oskar Pastior.

El corpus de su obra transcurre casi siempre durante la dictadura de Nicolae Ceaușescu. En esta novela no. Oskar Pastior y la madre de Herta Müller son de la misma generación y estuvieron en la misma zona (la actual Dombás). En Todo lo que tengo lo llevo conmigo el trabajo con el lenguaje es una maravilla.

El tema del lenguaje tiene que ver con la experiencia de vivir bajo un régimen dictatorial. Estos regímenes transforman el lenguaje. Como con el lenguaje manipulan a la gente, la persona que ha vivido esto se vuelve extremadamente recelosa con el lenguaje, observa el lenguaje con mucha atención y desconfía de él. La precisión es importantísima para una persona así. El uso meticuloso de las palabras es vital para un escritor que ha tenido esta vivencia.

Cuando la autora vivió en la aldea de Nițchidorf, solo se hablaba alemán y en cada aldea vecina vivía una minoría distinta: eslovacos, húngaros, serbios, catalanes, etcétera. Aunque hoy se hable rumano, el Banato sigue siendo una región pluricultural.

El Banato como mundo aparte, como región donde vivió una minoría alemana, es interesante. Conviene explicar algunas cosas. Es una zona que hoy ubicaríamos entre Serbia, Hungría y Rumanía. En esta región, en el siglo XVIII, la emperatriz María Teresa invitó a los alemanes de otras partes de sus dominios a buscarse un nuevo hogar y «colonizar» esta zona que había sido incorporada al Imperio de los Habsburgo tras ser reconquistada al Imperio otomano.

Los alemanes venían de Suabia, pero también de Alsacia y del Palatinado. Cada uno tenía su dialecto, pero después se le llamó «dialecto suabo» porque la mayoría venía de Suabia. Estos colonos consiguieron hacer de esta región una zona próspera y muy bien estructurada. Sin embargo, la caída del Imperio austrohúngaro y la posterior división de la región tras la Primera Guerra Mundial alteraron profundamente su estabilidad. Estos relatos se desarrollan después de la Segunda Guerra Mundial, tras el cataclismo económico, social y cultural que supuso el nazismo, y durante el inminente inicio del dominio comunista en la región.

El título En tierras bajas no se refiere solo a las llanuras de esta zona del Banato sino también a la degradación moral, ¿no es así?

A mí el título me produce cierta reticencia porque en alemán Niederungen es un término geográfico (llanuras), pero también en otro contexto se refiere a las bajezas humanas. En tierras bajas para el lector español es infeliz como título porque hay una obra de teatro, un clásico de la literatura catalana, llamada Terra baixa, de Àngel Guimerà. Y lo nacionalista es lo último que quisiera ver la autora en este título. Aquí hay un segundo significado que te confirmo: la bajeza humana. Lo que vemos en esta supuesta región idílica es una minoría que se enorgullece de las virtudes alemanas: la limpieza, la laboriosidad, el ahorro. Son virtudes que en esta comunidad están corrompidas. La comunidad no las vive realmente, son solo apariencias e instrumentos de disciplinamiento del individuo. Es un mundo que ya está vacío de los valores que postula.

Encontramos supersticiones en los relatos: «Dicen que el recién muerto cuida el cementerio hasta que se muere el siguiente». Y estas supersticiones se mezclan con el pensamiento mágico de la niña.

Es una forma de contrarrestar la ordenación del catolicismo. Hay una forma muy presente del imaginario de la niña que viene del catolicismo y para ella es opresivo. El crucifijo, el negro riguroso en la vestimenta de las mujeres… Creo que las supersticiones son espacios de libertad que la niña reclama para sí.

También se refleja el paso del tiempo mediante la observación de la naturaleza: «El frío corroe las fachadas con su sal» o «La lluvia en verano pudre la madera».

El libro recoge frases y dichos que ella escuchó en este entorno rural y sabemos que, en situaciones de extrema pobreza, de extrema reclusión de comunidades rurales antiguamente asentadas, hay una sabiduría popular que no siempre tiene connotaciones muy positivas. Pueden ser crueles, terriblemente realistas o muy sarcásticas. Herta ha recogido lo que ha escuchado. Sobre su relación con el campo, con la naturaleza, siempre me ha dicho que odia el campo, que no siente ninguna atracción hacia la vida en el campo. No le atrae especialmente la naturaleza y eso tiene que ver con la dureza con la que se percibe la naturaleza desde una postura de desprotección. De niña fue obligada a trabajar en el campo, a estar a la intemperie. No hay una relación placentera con la naturaleza. No puede haberla. Hay una relación de supervivencia y, al final, de rechazo.

La naturaleza se asocia al trabajo físico extremo que demanda. Las mujeres están siempre en un lugar subordinado, son estoicas, trabajan muchísimo y en silencio. Al observarlas, escribe: «Cuando terminan de envejecer, parecen hombres y se deciden morir».

Desgraciadamente, es una realidad hoy para muchas mujeres en el mundo. En la economía mundial aportan cerca del 80% de los beneficios en los hogares donde no hay oportunidad de trabajo remunerado. En las zonas rurales y en las economías de subsistencia, son las mujeres las que mantienen la familia y consiguen el sustento. En la Rumanía comunista las mujeres trabajaron muy duro y 100 años antes en Alemania, en Francia, en España trabajaron muy duro. Hoy en las zonas rurales de Bolivia, del Perú, las mujeres trabajan muy duro.

En medio de todo, hay poesía: «Mi corazón palpita de alegría. Aguardo la noche. También hay miedo en la alegría. Mi corazón palpita de miedo en la alegría, de miedo de no poder seguir alegrándome,
de miedo de que el miedo y la alegría sean la misma cosa».

Precioso. Para mí, ella es en primer lugar poeta. Y la poesía siempre ha jugado un papel muy importante en su escritura. Siempre ha escrito poesía, ha leído muchísima poesía y sigue leyéndola. Títulos como La bestia del corazón o La piel del zorro tienen un potencial poético enorme; detrás hay expresiones, imágenes. Herta Müller es una gran poeta.

En sus poemas-collage está el lenguaje como objeto físico. Cuando era estudiante, escribía canciones de rock para sus amigos: ahí también podría haber poesía… En una entrevista, hace una década, para El País, ella te dijo: «Sabes que eres presa de tu vida, también de tu biografía, que hay hechos que no se pueden cambiar, que existen y ya existían antes de tu nacimiento. Te los ponen delante y crecen en tu cabeza y ahí tú no haces nada. Por ejemplo, que mi padre estaba en las SS, ahí no puedo hacer nada de nada».

¿Crees que hasta ahora es prisionera de su biografía o esa realidad dolorosa ha podido trasmutar?

Yo creo que es una persona extremadamente consciente de la influencia, de la marca que nos pone la biografía. Y como es una persona enormemente reflexiva, es capaz de distanciarse en el sentido de analizar y tomar una distancia lo suficientemente grande con esa biografía como para relatarla. No es objeto indefenso de esa biografía. Es una persona que toma conciencia de esa marca biográfica y consigue usarla en su proceso creativo. La convierte en algo fértil. Ella sigue sufriendo en cada proceso de escritura. No le gusta hablar ni escribir de sus experiencias en esta Rumanía dictatorial, pero lo considera su deber. El trabajo con el lenguaje le ha permitido encontrar una salida creativa, comunicable, de cosas que son imposibles de comunicar para tantas otras personas que la han padecido.

Uno de los temas que me interesó de En tierras bajas es su historia editorial. El libro se publicó en 1982 en Bucarest con mucha censura y dos años después vio la luz la edición alemana (a partir de la cual se realizan todas las traducciones). En 2010 se publicó la edición definitiva: sin censura, revisada por la autora y con cuatro cuentos adicionales.

¿Cómo cambia tu mirada hacia este primer libro conociendo su andadura?

Soy editora y también crítica literaria, y veo el desarrollo del escritor y de la obra. Desde este punto de vista, la primera edición (la que se hizo en Bucarest) es el libro original. La edición alemana ya es un paso más. La edición de 2010 es casi un libro distinto. Esos relatos que se han añadido le dan un sesgo. Es una edición producto de la decisión de una autora que tiene 32 años más (cuatro años antes de su publicación, el libro ya existía). Me interesan estas distintas fases y las distintas perspectivas sobre su obra, así como las intenciones de la autora para esta edición definitiva. Es algo que le voy a preguntar la próxima vez que la vea.

¿Qué se pierde o qué se gana al momento de traducir un texto?

La traducción siempre supone pérdida. De ahí no hay vuelta de página. El traductor, en el mejor de lo casos, puede intentar traducir con una fidelidad al significado y con una sensibilidad al nimbo de cada palabra. El buen traductor intentaría dejar un texto lo suficientemente abierto para que pueda haber lecturas diferentes. Está siempre atrapado en su propia lectura. No nos olvidemos de eso. Cada lector lee de una manera distinta. En los talleres de traducción es usual que un compañero haya visto un matiz que no has visto en un mismo texto. Cada lector, cada lectora, lee otro libro. Lo mejor que puede hacer un traductor es no cerrar el texto.

Los libros favoritos de Cecilia Dreymüller

Algunos de los libros que más relee

  • Moby Dick, de Herman Melville.
  • Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.
  • La Biblia.
  • Elegías de Duino, de Rainer María Rilke.
  • La poesía de Ingeborg Bachmann.

Algunos de los libros que más recomienda

  • Guerra y paz, de León Tolstói.
  • Meditaciones, de Marco Aurelio.
  • La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.
  • Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
  • La educación sentimental, de Gustave Flaubert.

Sus recomendaciones de libros escritos en alemán

  • Ayer, de camino, de Peter Handke.
  • Un día del año, de Christa Wolf.
  • Medea, de Christa Wolf.
  • Kruso, de Lutz Seiler.
  • La pianista, de Elfriede Jelinek.
  • La séptima cruz, de Anna Seghers.
  • Anton Reiser, de Karl Philipp Moritz.
  • Enrique el verde, de Gottfried Keller.
  • Confesiones del estafador Félix Krull, de Thomas Mann.
  • La montaña mágica, de Thomas Mann.
  • Los relatos, los diarios, las correspondencias de Franz Kafka.
  • El castillo, de Franz Kafka.
  • El proceso, de Franz Kafka.
  • Poesía y verdad, de Johann Wolfgang von Goethe.
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe.

Bonus tracks

  • Mi madre era de Mariúpol, de Natascha Wodin.
  • A Glastonbury Romance, de John Cowper Powys.

Sobre la autora

Cecilia Dreymüller (Nohn, 1962) es doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Colonia. Ha traducido del alemán y del español a Ingeborg Bachmann, Peter Handke, Herta Müller, Michael Krüger, Marcel Beyer, Cristina Peri Rossi, Olvido García Valdés, entre otros autores. Como crítica literaria, se ha especializado en la literatura alemana y centroeuropea escrita por mujeres. Ha publicado Incisiones: Panorama crítico de la narrativa en lengua alemana desde 1945 (Galaxia Gutenberg, 2008), Confluencias. Antología de la mejor narrativa alemana actual (Alpha Decay, 2014) y Transversal. Poesía alemana del siglo XXI (Tresmolins, 2022). Desde hace más de treinta años es mediadora cultural entre Alemania y España. En 2017 fundó la editorial Tresmolins. Vive en Barcelona.