Judith Romero: «Cualquier mujer puede ser transformada en Medusa»

Judith Romero

Judith Romero (Lleida, 1982) es escritora de relatos y crítica cinematográfica. Charlamos con ella sobre su libro Monstruas. La mujer-monstruo en la narrativa moderna de terror y fantasía (Editorial Deméter, 2026). Este ciclo de literatura escrita por mujeres es posible gracias a Lexitrans Perú.

 

Por Ana Rodríguez 

Crédito de la foto: Editorial Deméter.

Conversamos con la cuentista y crítica de cine Judith Romero (Lleida, 1982) sobre Monstruas. La mujer-monstruo en la narrativa moderna de terror y fantasía (Editorial Deméter, 2026). El libro se sumerge en aquellas vampiras, sirenas, brujas, mujeres-lobo y otras monstruas que seducen, destruyen y nos revelan por qué el miedo es un deseo al revés. Judith vive en Londres y es devota de los monstruos.

 

Guillermo Del Toro, quien trata muy bien a sus monstruos, dijo en una entrevista «Desde la infancia he sido fiel a los monstruos, me han salvado. Porque los monstruos, creo, son los santos patronos de nuestra dichosa imperfección. Y permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir». ¿Por qué escribiste un libro sobre las monstruas?
Estoy muy de acuerdo con él, son importantes en la narrativa, en cómo nos vemos a nosotros mismos, en cómo nos exploramos a nosotros mismos. Este libro surgió porque casi siempre los monstruos son masculinos. Sabemos muchísimo de Frankenstein, Drácula y los hombres-lobo, pero en el caso de sus contrapartes femeninas, o se sabe muy poco o lo que se sabe está centrado en unos pocos aspectos (normalmente el aspecto sexual o el maternal) y había mucho más por explorar. Buscando entre librerías y papers no encontraba demasiado y me apetecía poner mi granito de arena.

 

Postulas que el miedo es el principal creador de un monstruo. Pareciera que es el momento ideal para que todas las monstruas salgan…
Recuerdo que hace un año y medio se empezó a hablar en redes, en broma, de Giulia Tofana, envenenadora del siglo XVII. Salieron estos señores de ultraderecha preocupados por controlar el cuerpo de las mujeres y el alza del aborto a decir que había que investigar a estas mujeres. Aparecieron alertas sobre el Acqua Tofana (el veneno que ella usaba) y en revistas y diarios de EE. UU. se escribía con alarma sobre el potencial dañino de estas mujeres. El miedo que se tiene a que las mujeres se salgan de estos confines pequeñitos que el conservadurismo (mejor dicho: la ultraderecha) les ha asignado es increíble. Es el momento en que las monstruas deberían estar apareciendo más. Me sorprende no ver más monstruas en el cine.

 

En los últimos 15 años el cine ha retratado en dramas y romances juveniles a vampiros y hombres-lobo mientras que las brujas y otras monstruas han aparecido en protestas sociales como íconos feministas y del colectivo LGTBIQA+. ¿Como la monstrua se volvió un símbolo de lo disidente?
Cada monstrua ha tenido su momento. Por desgracia no todas lo han tenido. Creo que hay algunas que todavía están un poco en la oscuridad. El caso más espectacular es el de Medusa: pasó de ser un personaje que durante muchísimos años se representó como una criatura a la que hay que tener auténtico terror (recordemos la película Furia de titanes) a representar a las mujeres supervivientes de la violencia sexual (hace 10 a 15 años). Y esto se corona con la escultura de Luciano Garbati. De golpe y porrazo, empezamos a ver a Medusa como ícono feminista. Esta resignificación abre la puerta a la resignificación de muchas otras monstruas. En el caso de las mujeres-lobo y las sirenas, Medusa es la que abre esa puerta.

 

Medusa va en contra del canon estético impuesto. «No hay peor pecado para la mujer que la fealdad» escribes. ¿Por qué la belleza sigue siendo central en la construcción de lo femenino?
Es una forma más de control sobre el cuerpo de las mujeres. Los distintos mandatos de belleza son en parte una forma de hacer que las mujeres estemos más preocupadas por entrar en esos cánones: tienes que estar delgada, tener una altura determinada, tener un color de pelo, no tener arrugas. Y esto es una forma de control. Cuando escribía el capítulo de las mujeres-lobo, vi cómo el vello corporal pasa de ser algo completamente normal a ser algo que no solo se considera antiestético, sino antihigiénico. Desde mi punto de vista, la cantidad de esfuerzo y dinero que hay que invertir en esto es una forma de control.

La película brasileña Medusa, de la directora Anita Rocha, habla de que cualquier mujer puede ser transformada en Medusa: no necesariamente tienes que nacer con unas características físicas concretas. Se te pueden lanzar encima en el momento en que decidas salirte del «camino marcado». En el caso del personaje mitológico Medusa hay dos versiones: una en el que ella ya nace siendo una monstrua y otra en que la monstruosidad es un castigo por parte de otra mujer. 

 

Las brujas son las monstruas más conocidas y representadas. Están entre las más antiguas, junto con Medusa. Han atravesado varios procesos históricos (la Ilustración, la Revolución Industrial), fueron adoptadas por la clase alta y luego por la clase media. ¿Cómo se pasó de la caza de brujas a los rituales brujeriles de moda hoy?
Has mencionado la Ilustración y tiene un papel muy importante. En España los últimos procesos inquisitoriales son del siglo XIX, pero yo creo que a partir de la Ilustración y la Revolución francesa se empieza a ver que el tema de la brujería no hay que tomárselo tan en serio en la medida en que la religión católica pierde parte del poder que tenía hasta ese momento. Durante la Revolución francesa vemos cómo se frivoliza: aparecen modas como ponerse el lazo rojo en el cuello para imitar el corte de la guillotina. Ese es el camino para empezar a frivolizar el espiritismo y la brujería, al menos en las clases altas más urbanitas. 

En el siglo XX, con la Primera Guerra Mundial, la gente tuvo la necesidad de creer, debido a la alta mortalidad. Necesitaba creer que sus hijos, sus maridos están en un sitio mejor y que los van a poder contactar. El camino es ese: de la frivolización con el horror hasta llegar a una auténtica necesidad de creer.

 

La bruja tiene una resurrección en dos vías: este cliché de fea/histérica/bruja (que también toman las feministas) y el otro camino que corresponde a los rituales místicos que también se llegan a frivolizar. 
A mí me da mucha rabia cuando oigo hablar de la Wicca como si fuera una religión milenaria, relacionada con los druidas en las islas británicas o en Irlanda. ¡Es algo que se inventa un señor en los años cincuenta del siglo XX! Se lo inventa por el auge del espiritismo, pero también por la frivolización del mundo espiritual y obviamente para sacar dinero. Me da bastante rabia que algo así haya calado tanto.

 

En Suspiria, de Luca Guadagnino, los críticos de cine identificaron a dos tipos de bruja: la del cuerpo integrado (con armonía de formas y movimientos) y la del cuerpo descoyuntado (relacionado al dolor y lo siniestro).
Una de las pocas cosas en las que la película de Guadagnino es superior a la de Argento es en cómo utiliza la danza y el movimiento del cuerpo. En la película original está, pero no tan aprovechado. Enseña cómo la brujería puede ser, al mismo tiempo, creadora y destructora. Tilda Swinton interpreta a Madame Blanc (la profesora de baile), que es un personaje, hasta cierto punto, más blanco y a Helena Markos (el monstruo), que destruye todo a su alrededor.

 

Y no podemos olvidar a la bruja como ghoul, esa pesadilla que despacha a quien se cruza en su camino, presente en El proyecto de la bruja de Blair.
En el caso concreto de El proyecto de la bruja de Blair no se entendió demasiado qué querían hacer los directores. La bruja aquí es un ghoul y es una leyenda urbana. En ningún momento la vemos. La mayoría quería que apareciera algún tipo de criatura horrorosa por lo menos en los últimos 10 minutos. Hubo mucha gente que no acabó de conectar con eso. Es una pena: las brujas, cuando son bien utilizadas, son de las que más miedo dan. Son criaturas que, sin tocarte, pueden destruirte física y mentalmente, pueden hacer que tu realidad se venga abajo. Con honrosas excepciones, no se ha explorado bien a la bruja. 

 

Otro personaje pesadillesco es Baba Yagá, la mujer envejecida que, una vez más, resulta una afrenta al sistema porque no le es útil: no puede tener hijos y tampoco es atractiva. ¿Qué representaciones has encontrado últimamente de ella?
Probablemente la más interesante que he encontrado es la que menciono en el libro, la Barbara Jagger del videojuego Alan Wake. Consigue mezclar la parte narrativa (el personaje terrible y deforme de la mitología rusa) con la parte más hollywoodense (no sé si sea la palabra correcta, pero es lo que se me ocurre dentro de lo que es un videojuego). Y tiene un añadido muy interesante: la Baba Yagá de Alan Wake se alimenta de la creatividad de los artistas. Es una forma de canibalismo muy original (recordemos que en los cuentos rusos ella es caníbal). 

 

Latinoamérica está presente en Monstruas con La Llorona. Destaca su multidimensionalidad: es la antimadre y también la vengadora.
A La Llorona le hubiera podido dedicar el libro entero por ser un personaje tan complejo, con una historia tan rica detrás, que se expande en distintas direcciones: es la antimadre, la mujer que mata a sus hijos y se arrepiente. Al estudiar la relación que tiene actualmente con el movimiento anticolonialista (especialmente en México), verás que se ha convertido en una criatura de frontera espiritual y frontera física. No se ha podido resignificar tanto desde el punto de vista feminista. La película La Llorona, de Jayro Bustamente, es muy interesante en ese aspecto y es una de las más terroríficas que vi cuando investigaba para el libro. Me dejó fascinada la criatura vengadora. México ha conseguido convertir la muerte en algo vivo y La Llorona es parte de esto: se mueve entre un sitio y otro, casi a voluntad. 

 

Las sirenas son las más vanidosas del grupo. ¿Por qué la belleza puede ser tan amenazante como la fealdad?
Desde el punto de vista patriarcal (no deja de ser la sociedad donde vivimos), por el síndrome de Eva. Nunca es culpa del hombre sentirse atraído y hacer cosas malas por una mujer, siempre es culpa de la mujer. Está el concepto de la femme fatale. La fealdad da miedo porque repele. La belleza da miedo porque atrae. La sirena es la poster girl de esa idea. Se convierte en el símbolo de la prostitución en el siglo XVI. Las más vanidosas podrían ser las sirenas. Por eso se las representa muchas veces con el peine y el espejo, son la vanidad hecha carne.

 

En Monstruas mencionas la obsesión de la Iglesia católica medieval con el sexo, la lujuria, la virginidad. Esa obsesión traslada a las sirenas a pinturas, bestiarios y manuscritos. 
La obsesión de la sexualidad especialmente de la Iglesia católica medieval rozaba la paranoia, diría yo. El pecado es siempre el mismo: la lujuria. Y siempre es culpa de las mujeres. Cuando investigas, descubres cuán profunda es la obsesión. La represión juega un papel importantísimo cuando hablamos de otras mujeres. En el caso del clero católico, hay un elemento de misoginia pura y dura. Ese odio permea todos los aspectos de la vida religiosa, por lo menos la medieval. En el Renacimiento cambia un poco. Luego vuelve otra vez durante el siglo XVII. Es una mezcla de represión y misoginia.

 

Si hay una monstrua con una fuerza terrible es la mujer-lobo. Es la bestia interior, con un poder casi sin límites y un liderazgo que no se suele asociar a la mujer. 
A la mujer-lobo no le importan los cánones estéticos ni sociales. Es peluda, es musculosa, tiene muchísima fuerza y está completamente fuera de control. En una sociedad en que estamos volviendo a ver a actrices y cantantes con una delgadez extrema, ver a una mujer que es musculosa es casi anatema, casi es aberrante. Su contraparte, el hombre-lobo, se ha estudiado más. Al hombre-lobo, yo lo llamo el monstruo de la clase obrera. Si el vampiro es el monstruo aristócrata, elegante, el otro es justo lo contrario.

 

La monstrua sola es fácil de ser atrapada, pero en horda es mucho más difícil de atrapar, de derrotar. ¿Cómo es posible empoderarse a través de lo monstruoso?
Una de las primeras cosas que puede proporcionar lo monstruoso para empoderarse es la aceptación de cómo somos cada una físicamente, mentalmente. Y de no vernos como menos por el aspecto físico o por casi cualquier otra cosa porque esto es lo que se nos ha inculcado desde siempre. Abrazar ese monstruo en vez de avergonzarse e intentar cambiarlo creo que es el primer paso y el más importante. 

 

¿Hay alguna monstrua que sea tu favorita?
Si me hubieras preguntado antes de empezar a documentarme para hacer el libro, te hubiera dicho que Medusa porque es la que me introdujo en todo esto. Furia de titanes fue la puerta de entrada. Estaba aterrorizada y fascinada a partes iguales. Ahora mismo es un empate entre Medusa y La Llorona. 

 

Nota: Monstruas. La mujer-monstruo en la narrativa moderna de terror y fantasía puede adquirirse a través de la tienda online de la Editorial Deméter (con envíos a países de Europa): https://editorialdemeter.es/tienda-online-de-libros-goticos-y-del-romanticismo/.

 

SOBRE LA AUTORA

Judith Romero es escritora y cuentista. Ha sido crítica cinematográfica en el portal El Antepenúltimo Mohicano y divulgadora de historia oscura en redes. Es autora del libro Monstruas: La mujer-monstruo en la narrativa moderna de terror y fantasía (Editorial Deméter), así como de diversos relatos de fantasía, terror y ciencia-ficción publicados tanto en antologías como en revistas de género.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE JUDITH ROMERO

    1. La pimpinela escarlata, de Emma Orczy.
    2. Drácula, de Bram Stoker. 
    3. En el oscuro corazón del bosque, de Naomi Novik.
    4. Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro. 
    5. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson.

 

 



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