En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con la docente española Teresa Fuster sobre la novela La plaza del Diamante, de la escritora catalana Mercè Rodoreda. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.
Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Archivo personal de la entrevistada.
Desde Alboraya, tierra de la horchata y la chufa, al norte de Valencia, conversamos sobre La plaza del Diamante con Teresa Fuster, profesora de lengua valenciana y literatura. Desde hace muchos años, Teresa estudia con sus alumnos esta novela de Mercè Rodoreda que refleja el viaje interior de su protagonista, siguiendo la tradición del Bildungsroman.
Natalia es un personaje que se queda en la memoria de los lectores. ¿En qué momento siente que sus alumnos empiezan a comprenderla más allá de su imagen de mujer atrapada por las circunstancias?
Les cuesta bastante. Es un problema que tenemos: normalmente intentan comprender a los personajes desde su punto de vista actual. No entienden cómo aguanta tantas cosas. Yo creo que es lo que más les cuesta. Y luego se les dificulta ver su evolución. Se identifican más con Colometa, mientras que la señora Natalia les queda un poco lejos.
Otra cosa que les llama mucho la atención a mis alumnos es el personaje de Quimet, un prototipo de lo que era el hombre de la época. Es un personaje un poco raro y a veces oscuro. Algunas de las cosas que hace se salen de la norma. Cuando le dice que se arrodille en medio de la calle. Le dice «arrodíllate por dentro y pide perdón» cuando ella no sabe por qué tiene que pedir perdón. Posteriormente, la deja debajo de la cama y le da golpes para que no salga. Es un personaje que incluso para la época es un poco exagerado. Es machista, machista, machista.
¿Hay algún pasaje en la novela que hayas visto de un modo distinto gracias a la relectura?
La leí por primera vez a los 18 años. Todos los años leo La plaza del Diamante. La leemos en clase y la releo. Siempre encuentro cosas nuevas, descubro cosas que habían pasado desapercibidas. Uno de los momentos que más me gusta es cuando Natalia dice que es de corcho. Que tiene que hacerse así para soportar el dolor. Es uno de los momentos más emotivos del libro.
¿Qué me puede decir de su estilo? Se publicó en 1962 (en catalán) y ha trascendido su época.
Una de las cosas que más impacta es que se trata de una escriptura parlada, es decir, una «narrativa contada». Es como si tuvieras a la persona delante y te contara su vida. Te habla como te hablaría tu abuela o tu madre. Es uno de los aciertos de la novela y es lo que más engancha a los alumnos. Hay momentos que nos cuenta muchos detalles, sabemos muchas cosas de poco tiempo. De otros momentos de su vida, no sabemos prácticamente nada. Está contado desde un punto de vista muy subjetivo.
Su estilo es realista. La protagonista te está contando su vida con la forma de hablar de Barcelona en esa época; hay frases hechas, giros, modismos, nexos, conjunciones. Es un lenguaje muy trabajado. No llega a ser un monólogo interior. Lo oímos todo a través de su voz, incluso a los otros personajes. Es ella la que te lo cuenta todo. Ves a su marido, a los niños, pero es ella la que te lo está contando todo.
El uso de la primera persona y la introspección psicológica también le dan mucha fuerza a la novela…
Sí. Vemos la vida de Barcelona, la vida de la guerra y la vida cotidiana de una figura femenina que no tenía tanta importancia en aquel momento. Es darle protagonismo a unos personajes que eran secundarios. La guerra se contaba desde la voz de los hombres que iban a la batalla. Natalia lleva la guerra de mantener a sus hijos. Es ella la que lleva la casa, trae de comer. Algunos alumnos me han dicho que es un personaje débil, pero no es así. Es ella la que aguanta la familia y la casa. Su marido, Quimet, es un soñador que no hace nada de provecho. ¡Sin ella, la familia se hubiera hundido! A Natalia le falta la madre, no soporta al padre. Se encuentra muy sola en la vida, es incapaz de decir que «no», pero es un personaje fuerte para muchas cosas prácticas de la vida.
El tema del nombre es muy importante: Natalia, Colometa, Natalia.
Quimet le cambia el nombre porque ella va toda vestida de blanco. Al principio nos da la descripción de que va toda vestida de blanco. El bolso, las pulseras, los pendientes. Ellos dos están bailando cuando él le dice «vuela, vuela, palomita». Porque va vestida de blanco como si fuera una paloma. Después aparecen las palomas, que son la representación de él. Hasta que no muere su marido, no recupera la personalidad.
Ella empieza siendo Natalia, hasta que conoce a Quimet, que le cambia el nombre la primera noche. Toma posesión de ella. Le dice: «Dentro de un año, tú serás mi mujer. Me sabe mal por tu prometido, pero despídete de él porque dentro de un año estarás casada conmigo».
Otro de los aspectos que se ve en el libro es la transformación de Barcelona. No existe la Barcelona turística o monumental, sino la Barcelona de barrio, popular.
De esto se ha discutido mucho. Es una novela psicológica, pero también aparece la historia política como contrapunto, siempre al servicio del personaje. La plaza del Diamante te da una idea de lo que era la Barcelona cotidiana antes de la guerra, que era lo que más conocía la autora antes de su exilio. Mercè Rodoreda se exilia y ya no conoce lo que es España ni la represión. No volvió hasta los setenta a Barcelona.
¿Qué simboliza la plaza del Diamante?
Es donde empieza y donde acaba todo. Es el punto de encuentro del barrio y donde Natalia se siente más identificada como persona que vive en el barrio de Gràcia, pero realmente es el sitio donde se conocen Natalia y Quimet. Y termina allí porque es donde ella pega el grito y realmente es como si volviera a nacer.
El embudo es otro de los símbolos más importantes. Representa la asfixia por los problemas económicos, la sensación de sofoco.
Significa eso realmente, cómo se va estrechando la vida por las penurias económicas, por las penurias personales. La protagonista siente que no puede más, que no soporta la vida y quiere intentar suicidarse. Muchas mujeres después de la guerra se sintieron así. Los maridos habían muerto y les costó muchísimo sacar adelante a la familia. El embudo es uno de los símbolos más importantes de la novela. Aparece cuando encuentra la primera paloma, cuando va a matar a sus hijos. Esa noche describe la plaza como un embudo invertido y ella logra salir por arriba después del grito. Es su renacimiento.
Hay otros símbolos. Además de las palomas, los elementos religiosos aparecen mucho (los rosarios que le da la madre de Quimet), también hay elementos oníricos. Y la balanza que ella siempre está tocando es esa estabilidad que busca desde pequeña porque no tiene madre, luego porque la vida no le está sonriendo. Siempre toca esa balanza dibujada en la pared porque es su intento de buscar el equilibrio.
Estuvimos hablando sobre el tiempo. Marcel Proust es una influencia importante en la obra. Rodoreda avanza en el tiempo de forma casi imperturbable y de pronto llega a un pasado que lo recoge todo. En momentos de fatiga y debilidad, la imagen de sus recuerdos se transforma.
La idea que te da la novela es la de una Natalia ya mayor que te está contando su vida. El tiempo depende de ella, ella alarga o acorta el tempo. Si le interesa, lo alarga y te cuenta cosas mínimas (como que está limpiando la casa y hay descripciones y descripciones). Hay unos saltos temporales fuertes. De pronto sus hijos han crecido: Antoni va a hacerse soldado y Rita se va a casar. En La plaza del Diamante, Rodoreda alarga y acorta el tiempo.
¿Por qué La plaza del Diamante es clave en la literatura catalana de la posguerra?
Además de su estilo, porque en ese momento no había tantas mujeres que escribieran. Ella escribió un libro que se sale de la norma de lo que escribían las mujeres.
¿Tiene herederas Mercè Rodoreda?
Yo creo que no.
Almudena Grandes ha escrito novela histórica, Marta Sanz ha experimentado mucho con la forma, Eva Baltasar tiene un lenguaje poético y a veces crudo, Elvira Lindo ha retratado la memoria familiar de la posguerra…
Nadie ha vuelto a escribir como Mercè Rodoreda Es una línea de escritura que desapareció. Es la cima de la novela psicológica. Han escrito sobre la vida de Barcelona de la posguerra, sobre los años 50 y 60, pero nada similar.
SOBRE LA ENTREVISTADA
Teresa Fuster es profesora en el Instituto de Educación Secundaria La Patacona (Alboraya, Valencia). Habitualmente da clases de valenciano y de literatura universal.
(La entrevistada incluye en la lista a los cinco libros escritos por autoras que más le han gustado en los últimos años)
- La postal, de Anne Berest.
- Libre, de Lea Ypi.
- Nosotras ya no estaremos, de Lola Mascarell.
- Los amnésicos, de Géraldine Schwarz.
- Bruixa de dol, de Maria-Mercè Marçal.

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