Ana Fernández Marín: «Me inspira la vida de lo pequeño»

Ana Fernández Marín

En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con la poeta española Ana Fernández Marín. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.

 

Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Archivo personal de la autora.

Ana Fernández Marín estudió Trabajo Social y durante muchos años su labor fue estar al lado de las personas mayores. Agradecida con la experiencia de ingresar en sus vidas, cambió de rumbo y se inició en el camino del yoga. Con todo tu corazón (Olé Libros, 2026) es el primer poemario de esta autora española. Las 27 cartas poéticas que lo componen, exploran la belleza cotidiana, la transformación interior, la ternura.

 

¿Cómo nació la Ana poeta?
El año 2017 fue un momento de quiebre vital. Me replanteé todo. Empecé a trabajar en otras cosas, a experimentar: estuve en una pastelería, en una cafetería, en lo que iba saliendo. Fue una manera de romper estructuras mentales. El trabajo social ya no resonaba en mi vida. Hice una formación de yoga y el proceso me ayudó a reencontrarme y reubicarme. Empecé a trabajar en un centro de yoga en Madrid, conocí a mi pareja actual. A causa del covid, se cerró el centro. Nos tuvimos que reinventar y creamos una marca de joyas. Y de ahí nació la Ana poeta.

 

¿Qué te pareció trabajar con Olé Libros?
Estoy muy contenta con ellos. La persona que me contactó, Loli Lara, es un encanto. Tuvimos una conversación cuando les llegó mi manuscrito. Fue muy cercana, muy humana. Más allá de ser un negocio, Olé Libros destaca por su humanidad y su elección por hacer del mundo un lugar un poquito mejor con las obras que publican. Es una manera de aportar belleza. La editorial se ha hecho cargo de todo. También tengo una persona que me ayuda con los eventos. El poemario se publicó en marzo. Estamos a tope con ferias.

 

Olga Tokarczuk afirma que la forma más modesta de amor es la ternura. La definió como «una profunda preocupación emocional por otro ser, su fragilidad, su naturaleza única y su falta de inmunidad al sufrimiento y los efectos del tiempo».
Qué mirada tan bonita, la belleza y el amor que hay en todo lo pequeño. Lo pequeño es lo que compone lo grande en este mundo. Ahora tengo a mi gatito dormido a mis pies y es pura ternura. Cuando empiezas a construir desde los cimientos, te vas sintiendo más abundante, más agradecido por cada detalle en tu vida. El amor que hay alrededor de nosotros construye lo grande.

 

¿Cómo evitaste caer en lugares comunes al escribir del amor?
No quería que sonara demasiado idealista. En mis días tengo miedos, me cierro. Es parte de la experiencia humana. Es importante volver la mirada a eso, se nos olvida ver la belleza que hay en el mundo, incluso en las cosas dolorosas. Aunque parece que ya se ha escrito todo sobre el amor, creo que aún falta mucho por escribir.

 

¿Qué hay del amor por lo divino?
La divinidad o Dios o en lo que crea cada persona es el origen, de dónde venimos. Si venimos de esa fuente, somos lo mismo. Me gusta leer y curiosear sobre muchas teorías. Las puedo hacer mías durante un tiempo, darles una vuelta y ver desde esa perspectiva. Nosotros mismos somos amor. Al venir a este mundo, somos puro amor. Cuando entramos en la película de la vida, se nos va olvidando un poco. Siempre estamos sostenidos, siempre hay alguien que nos cuida. Siempre he recibido ayuda de alguien en un mal día. Esa lucecita en forma de una persona, un animalito o un mensaje, te puede cambiar el estado de ánimo.

Creo que el ser humano por naturaleza no es malo, pero sí elige en un momento de la vida para dónde va. El amor de pareja es bonito, el de los padres es bonito. Hice bastante terapia para trabajarme. Es importante querer «a pesar de» a tus padres, mirar con ojos de amor a tu pareja.

 

El psicólogo Javier Echevarría dice que los hijos solemos juzgar mucho a los padres. No cabe una evaluación, pero si quisiéramos «evaluarlos», deberíamos ver cómo progresaron con respecto a sus padres.
La familia nos interpela a todos. Es uno de los vínculos donde más se aprende. Entender la historia de tus padres te ayuda a reconciliarte con ellos. Mis padres han sido maravillosos, pero cuando haces trabajo personal descubres que todo niño tiene una carencia. Primero tienes que atender tu dolor. Demandamos a través de la herida de nuestro niño interior.

 

Has practicado y enseñado yoga. Algo se activa con el ejercicio, cuando movemos cosas en la casa, si damos un paseo. Activar el cuerpo físico es hacer magia desde lo más tangible.
Cuando hay movimiento fuera, adentro también. El yoga me ayudó mucho. Fue un proceso intensito. Se trabaja el cuerpo a diversos niveles: físico, emocional, mental. En el cuerpo se guardan traumas, dolores, memorias. Cualquier cosa que hayas vivido, se guarda en el cuerpo. El cuerpo tiene mucha memoria.

Durante la formación de yoga, en posturas, se movían cosas. Lloraba o me venía un recuerdo de pequeña o de joven. Se van soltando capas. Se trata de poner consciencia y estar más presente. Esa información es un regalo para ti. No somos lo que vivimos. El yoga fue la puerta para mí. También hay otras técnicas que trabajan el cuerpo somático casi sin moverte. Haciendo un ejercicio sutil, dando un paseo, estás moviendo tu cuerpo.

 

¿Cómo influye la experiencia sensorial en tu escritura?
Bastante. Si estás desconectada de tu cuerpo, estás desconectada de tu creatividad. Yo me desconecté muchos años de mi cuerpo. El yoga abrió la puerta a la creatividad. Mi parte creativa la tenía bastante bloqueada. De pequeña pensé que lo artístico no era para mí. En los últimos años, la joyería me he devuelto algo que no sabía que necesitaba.

 

En el poema «Mi tío» escribes: «La mirada de los niños. Necesitaba saber la verdad, lo que estaba ocurriendo. Ellos asumen la vida de una manera natural, están más cerca aún de lo que somos».
La mirada de los niños está llena de nuevos inicios, tienen una mirada sincera. En los ojos de una persona mayor puedes leer otras cosas, el bagaje que ha tenido. Hasta los ocho años estamos en presencia total, disfrutando la vida. Si los niños tienen un berrinche, luego se les olvida. Este es un mundo de dualidad: bello y a veces amargo.

 

En «Té chai» hablas de una cafetería que es un refugio para ti. ¿Cuáles son tus refugios?
Esa cafetería en el poemario está en el puerto de Sagunto. Se suele pensar que los refugios tienen que ser lugares de calma, donde estás en paz total, pero hay inspiración en pleno centro de Madrid. Y en el bosque también. La inspiración te tiene que pillar trabajando. Lo cotidiano, la vida de lo pequeño es lo que me inspira. Salir afuera a dar un paseo entre los árboles me regula. La naturaleza nos regula mucho, pero es un arma de doble filo: nos lleva a aislarnos, a meternos en una burbuja.

 

¿Qué es una casa?
Yo soy Cáncer. A veces estoy en mi caparazón y a veces abro las puertas a todo el mundo. Con los años, va cambiando mucho cómo valoras tu vida. Una casa para mí es un lugar de resguardo, un lugar de llegar y respirar. Estar con la gente que quieres. Es como un refugio. Un lugar para sentirte en calma, segura. El mundo (o nuestras propias vivencias) hace que nos sintamos inseguros. Una casa es un espacio que haces tuyo y cuando te vas de ahí, lo haces en otro lugar. Me he mudado varias veces. Es un proceso que cuesta. Tu casa eres tú.

 

«Ser semilla» me recordó los futuribles, que son posibles (materialmente realizables) y probables (estadísticamente). Escribes: «Una semilla es una realidad tangible en ciernes, una posibilidad que tus ojos aún no alcanzan a dimensionar».
La posibilidad y la probabilidad. La probabilidad engloba la posibilidad. Cuando sientes que hay posibilidad de algo, abres la probabilidad. Si tú no sientes que hay posibilidad, no hay probabilidad en tu mapa mental, de vida, energético.

De manera simbólica: cuando plantas una semilla en la tierra, no sabes qué va a pasar. ¿Germinará? ¿Morirá? No sabes. Existe la probabilidad de que ocurra, de que crezca, de que se convierta en algo. La incertidumbre a veces nos lleva por el camino de la amargura, pero engloba tantísimas posibilidades. Es dar margen. La semilla que plantas en tu mapa de posibilidades puede traer un fruto muy grande que no tenías en tu visión.

 

Sobre la autora

Ana Fernández Marín nació en Madrid y ha trabajado como trabajadora social, instructora de yoga y joyera artesanal. Actualmente compagina la escritura con la pintura. Alas de Colibrí es su emprendimiento de joyas de plata y piedras naturales.

 

Los cinco libros favoritos de Ana Fernández Marín

  1. Kafka en la orilla, de Haruki Murakami.
  2. Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena.
  3. La metamorfosis, de Franz Kafka.
  4. Diario, de Ana Frank.
  5. El médico, de Noah Gordon.

 



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