La autenticidad de Niños del pájaro azul

Niños del pájaro azul
Jhemy Tineo Mulatillo nos entrega una reseña que recorre los siete relatos del más reciente libro de Karina Pacheco: la violencia que duele, los rituales ancestrales convertidos en horror, los saltos temporales, los finales epifánicos y esa forma única en que lo mítico y lo político se funden hasta estremecernos.

 
 

Por Jhemy Tineo Mulatillo*

Hace unas semanas tuve la suerte de leer la última publicación de Karina Pacheco, Niños del pájaro azul (Alfaguara, 2024), libro que forma parte de la reconocida colección Mapa de las lenguas, lo que permite su circulación en veintiún países de habla hispana. Karina Pacheco se suma así a ese reducidísimo número de escritores peruanos que han tenido ese privilegio.

Formalmente, en Niños del pájaro azul destacan las oraciones largas y las comas enumerativas que, a pinceladas, van develando características de los personajes o mayores detalles de los espacios donde transcurren las historias. Los saltos temporales son también un recurso importante en el libro: permiten a los personajes —y al lector mismo— transitar por distintos tiempos y espacios: de la adultez a la infancia, de la ciudad a lo rural, de lo social a lo mítico. Otro aspecto formal que debemos resaltar son esos  finales epifánicos, donde lo social y lo ancestral se funden con gran intensidad.

En cuanto a su contenido, los siete relatos de este libro duelen, y muchísimo. Niños del pájaro azul nos enfrenta a diversas formas de violencia: la violencia política, el abuso de poder, la trata de niños y el maltrato hacia las mujeres. Son escenas difíciles de olvidar: los niños —con el corazón extirpado— arrojados a la laguna de Sunay o el cuerpo de una mujer ahorcada en la intemperie.

Y es precisamente en el crimen anclado a relatos ancestrales donde el libro alcanza su mayor logro: la autenticidad. Karina Pacheco no se limita a narrar la violencia; la entrelaza con mitos, leyendas y universos simbólicos de nuestros pueblos originarios. Así, las tragedias contemporáneas —la trata de niños o la violencia familiar— dialogan con lo ancestral, generando una perspectiva distinta sobre un tema ampliamente trabajado en la literatura peruana y latinoamericana. Del mismo modo, los hechos históricos —los crímenes perpetrados por militares y terroristas— no aparecen aislados, sino vinculados a historias de nuestra tradición oral.

Detengámonos, por ejemplo, en el cuento “Niños del pájaro azul”. En esta historia, un rito de la comunidad shuar, que consistía en arrojar piedras a la laguna de Sunay, ha sido deformado primero por los caucheros, quienes, en vez de arrojar piedras, empiezan a lanzar ofrendas indígenas para ser favorecidos por la buena fortuna. Más adelante, esta tergiversación se radicaliza: el presidente de un país y sus secuaces comienzan a sacrificar niños en la misma laguna. Pero antes de arrojarlos les arrancan el corazón. “¿Cuántas maneras hay de saciar la sed de los hombres brillantes?”, se pregunta el narrador del relato en un gesto de impotencia que termina estremeciendo al lector.

Así pues, los rituales mencionados en el libro pueden deformarse y, finalmente, convertirse en horror. Lo mítico no adorna la historia; al contrario, la vuelve más inquietante. Esto último evidencia que Niños del pájaro azul conversa, de una manera muy actual —postpandemia incluida—, con una tradición inagotable dentro de la literatura peruana: la literatura de la violencia. Pienso en Rosa Cuchillo, Adiós Ayacucho, La noche y sus aullidos o Lituma en los Andes. Junto a estos títulos, Niños del pájaro azul amplía un corpus literario bastante interesante donde las secuelas de la violencia política se entrelazan con un discurso mítico.

Esta apuesta por lo mitológico se hace aún más evidente en los dos últimos cuentos del libro. “Las flores de Gwen” explica por qué unas bellas y alucinógenas flores crecen en una tierra que no es la suya; en cambio, en “Trenzas de sirena”, quizá se nos relata la historia de una mujer abusada que escuchó el llamado de la sirena.

De allí surge la autenticidad de Niños del pájaro azul: de su capacidad para unir lo universal —la violencia en sus distintas formas— con lo profundamente local; es decir, las voces, creencias y símbolos de nuestros pueblos.

Lean Niños del pájaro azul.

 

*Jhemy Tineo Mulatillo (Moyobamba, 1986). Narrador peruano. Autor de Los sacrificios de la carne (Editorial APJ, 2022), libro ganador del Premio José Watanabe Varas de Cuento. En 2024, su novela Los restos de la piel (Tusquets, 2025) fue finalista del Premio Clarín de Novela, con un jurado integrado por Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Alberto Fuguet. Recientemente, su nouvelle Culebra (FCE, 2026) se incorporó a Vientos del Pueblo, la reconocida colección del Fondo de Cultura Económica. Maestro de vocación, escribe narrativa y guiones cinematográficos.


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