Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Archivo personal de la autora.
A través de este perfil, Daniella Paredes aborda respetuosamente su biografía y refleja el lado más cotidiano y humano de la poeta. Las entrevistas han sido su principal sustento.
¿Por qué elegiste a Blanca Varela para hacer este perfil?
Me gustaban sus poemas, me gustaba ella. Me intrigaba su vida. En un curso sobre crónicas en la UPC, la elegí como personaje para hacer la crónica al final. El texto evolucionó en otro curso: Periodismo Literario. Quería conocer su esfera más personal, familiar, de amigos. ¿Quién era esta poeta que parecía seria, ensimismada en su poesía? Mi profesor me dijo que mi mayor dificultad sería que ya falleció, que la voz de mi personaje principal no está. Entrevisté a muchas personas de su entorno: María Bromley (su medio hermana, que vive en Argentina), Vicente de Szyszlo (su hijo, la persona más próxima a ella), algunas de sus amigas (como Rocío Silva-Santisteban). Con Vicente pude conversar un par de veces, me ayudó a precisar bastantes datos, a conocer a Blanca como su mamá.
¿Desde el inicio te planteaste la estructura coral del libro?
¡Tenía 30 horas de entrevistas! No me podía quedar solo con ellas porque la memoria es frágil y había datos no tan precisos. Tenía mucha información: entrevistas, datos, poemarios, libros. Tenía que hacer puntos de intersección entre todas las historias que me habían contado, cuadrar los tiempos. El proceso más largo fue el de verificación de información y de unir todos los datos. Me tomó tiempo hacer esquemas, mapas mentales, unir, rehacer, reformular hipótesis, verificar datos, descartar información porque nunca la pude verificar. Cuando tuve todo estructurado, escribir fue más automático. Lo más fácil, entre comillas, fue escribir el libro. La Editorial UPC me ayudó bastante con el proyecto.
Quería hacer un libro que a mí me hubiera gustado leer cuando empecé a leer a Blanca Varela. Creo que tiene la mayor cantidad de información posible y el perfil es una forma de resguardar los recuerdos de quienes la conocieron. Es legible, lecturable, un libro que se disfruta. Creo que va a contribuir a que las próximas generaciones quieran leer a la poeta.
Varela rompió con el yo poético masculino de su generación.
Al inicio, ella es de la escuela vallejiana. Después le habla a Dios desde su experiencia de mujer. Integra el yo femenino y este cambio le abre paso a las poetas de la Generación del 80 que hablan de otros temas, se abre todo un espectro que quizás las mujeres no tenían. Blanca empieza a preparar el terreno para las poetas que vienen más adelante.
La mirada de Blanca era femenina en un contexto donde la mayoría de poetas eran hombres. Se hablaba de temas grandes, no introspectivos. Blanca rompe esto y empieza a hablar de su experiencia como mujer. Los poemas que más me gustan son los que hablan de su experiencia de ser madre y ligarla a la animalidad. Ser madre es la experiencia más animal de la vida, según Blanca. Es instinto, parto, preocupación. Tienes un sentido para preocuparte, una razón de ser y de no vivir tan a la ligera.
Blanca Varela se resistía a esta división entre poetas puros y poetas sociales. ¿Has encontrado alguna postura política en ella?
Creería que no. Ella nunca quiso ser una abanderada política de nada, activista de nada ni tener una postura política que la defina. No quiso ser partidaria de ningún partido. Quizás sí podría estar más inclinada a lo que conocemos como la izquierda, pero ella no tenía una postura pública. En algún momento hizo manifiestos con Szyszlo en contra del gobierno (si no me equivoco, en la época de Velasco Alvarado). Asimismo, puede caber en lo que hoy llamaríamos una mujer disruptiva para la época, pero no necesariamente quiso abanderarse como una figura feminista, no iba mucho con ella el generarse etiquetas.
A ella le interesaba mucho la gente. Hacía cosas para que su país estuviera mejor. Su postura era hacer lo mejor que ella podía por su distrito que era Barranco, por su ciudad, por su país.
¿Para Blanca Varela era urgente irse del Perú?
Sí. La peña Pancho Fierro era este espacio donde dialogaban poetas y artistas. Las hermanas Bustamante, Szyszlo, Salazar Bondy. Hablaban mucho del Perú y de todo lo que estaba pasando fuera del país. Creo que ir a Francia era ir al mundo de las ideas. La situación no era óptima por la posguerra. No era un mundo globalizado como el de hoy, las tendencias no llegaban rápido. Había un pequeño delay entre lo que pasaba afuera y lo que llegaba acá. Imagino que Varela y Szyszlo querían estar literalmente donde reventaba el cohete, donde pasaban las cosas. Eran jóvenes y se fueron con ilusión y la despreocupación de «¿qué es lo peor que nos puede pasar?». Ellos eran artistas, habían ido a la universidad (una suerte de privilegio no socioeconómico, sino más bien sociocultural para Blanca) y acababan de casarse. Esto de la «urgencia desmedida» por irse del Perú lo coloca Fernando de Szyszlo en su biografía. En ese momento se estaban encontrando como artistas y sin el viaje a París, esto no hubiera sido posible. Es en este viaje que Blanca Varela conoce a Octavio Paz. Es el evento canónico. Si no hubiese ido a Francia, no sé cuál hubiera sido el otro camino de Blanca para empezar a ser una autora publicada. Muy probablemente sí hubiera publicado. Pero no hubiera sido una entrada tan rápida y tan potente como fue con su primer poemario, Ese puerto existe, que tiene el prólogo de Octavio Paz. París es un punto clave para entender la vida de Blanca Varela.
Pero París no fue la fiesta que soñó…
Debe haber sido difícil. Siempre me quedará la duda sobre qué habrá pensado ella, es la pieza que me falta del libro. Sí creo que debe haber sido pesado no tener dinero, depender del cheque mensual que les enviaba el papá de Szyszlo, decidir entre comer o ir al cine. Compraban un saco de papas con el que tenían que llenarse a fin de mes porque ya el dinero no alcanzaba. Imagino que compensaba con todo lo que estaba aprendiendo, pero creo que a nadie le gusta vivir en esas condiciones. La edad ayuda. El ser joven hace que no midas tanto tus riesgos.
La vida de Blanca se presta mucho para la narrativa de un libro. La perspectiva que me daba era como una película: punto de inicio, punto de final, un arco narrativo muy bien marcado. Yo me preguntaba cómo la vida de alguien podía estar marcada por hechos tan concretos. Todo empieza en San Marcos. La historia se acelera en París.
¿Consideras que la austeridad que vivió en Europa influyó en su lenguaje literario?
Te lo digo como una hipótesis. Ella eliminaba palabras y al final, quedaba un poema de tres versos que te atravesaba el alma y entendías lo que te quería decir. Me atrevería a decir que esta austeridad sí se refleja en su poesía, donde se queda con lo esencial. Ya no maquilla, ni pone detalles, ni son textos tan largos. Cada vez se hacen más cortos, cada vez borra más palabras. Se queda con lo esencial. Su austeridad se replica en su poesía.
Para mí, la poesía de Blanca no es para entender racionalmente a la primera. Siempre te deja algo: preocupación, intriga, pesadez. Su poesía es muy disruptiva emocionalmente. Me tatuaría «Ponte un alma si la encuentras». El poema Strip tease te dice quítate todo: lo que le haces creer a la gente, lo que tú te haces creer, la narrativa que cuentas, la que te cuentan, lo que crees que eres y ponte el alma desde el ser. Deja de lado el querer ser y empieza a ser.
¿Cómo era la espiritualidad de Blanca Varela?
Nunca se confesó como creyente o practicante de ninguna religión. Salió a flote la espiritualidad de Blanca cuando falleció su hijo Lorenzo. A partir de entonces, se dejó morir. No hay un entendimiento más allá del por qué muere un hijo.
El retrato que publicaste complementa la poesía reunida, su crítica de cine y la recopilación de entrevistas. ¿A quién descubriste al final del proceso de escritura?
Me la imaginaba una persona muy seria, ensimismada, introspectiva, que literalmente vivía metida en su poesía. Conforme voy descubriéndola, veo que su poesía era una consecuencia de las cosas que le pasaban.
Creció en un ambiente privilegiado, donde la cultura, la música, el arte estaban muy presentes. Su madre era compositora de valses, el padre era poeta. Vivía con su mamá y su abuela, con quienes hacía juegos de palabras. Su padre era como una suerte de mejor amigo y le mostró el mundo de los libros, la llevó a conocer artistas, periodistas.
Fue directora del Fondo de Cultura Económica, le gustaba ver partidos de fútbol, era una madre supernerviosa. Fue una señora con sus complejidades, no era amiga de todo el mundo y tenía sus cariños muy claros. No era solo poeta. Fue esposa, dejó de ser esposa de Szyszlo. Nunca fue Blanca de Szyszlo, fue muy ella.
Escribir el retrato ha sido un proceso de desmitificación de Blanca. Me encanta lo que me contaba María del Carmen Ghezzi: le encantaba ver noticieros los domingos, pedir Pizza Hut, ver novelas brasileñas, bailar mambos, salir con sus amigas, matarse de risa, le encantaba la moda. Descubrí una Blanca más cercana, humana, ya no tan inalcanzable. Todos coinciden en que tenía una luz muy especial. Dejó una huella en la vida de sus amigos, de quienes la conocieron.
AGRADECIMIENTO
Agradecemos a la Editorial UPC, que premia a los lectores de Lee por gusto con un código de descuento para adquirir la versión digital de Ponte un alma si la encuentras. Un retrato de Blanca Varela. Escribe «VARELA-30» en el siguiente enlace: https://libreriaeditorial.upc.edu.pe/library/publication/ponte-un-alma-si-la-encuentras.
SOBRE LA AUTORA
Daniella Paredes (Lima, 2001) es bachiller en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), donde se graduó en el décimo superior de su promoción, con una especialización en Gestión y Negocios en Comunicación Digital. Ha sido editora de prensa digital, analista de datos y reportera, y ha colaborado en la gestión de comunicaciones para eventos culturales como el Hay Festival Arequipa. Fue parte del proyecto de investigación Moving Mountains, financiado por la universidad de Leeds (Reino Unido). Su crónica sobre el terremoto de Yungay de 1970, La última función, fue publicada por el diario El Comercio. Ponte un alma si la encuentras. Un retrato de Blanca Varela es su primer libro publicado.
LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE DANIELLA PAREDES
- Canto villano. Poesía reunida, 1949-1994, de Blanca Varela.
- El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.
- Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa.
- La despedida, de Milan Kundera.
- Poesía completa, de Alejandra Pizarnik.

No hay comentarios
Añadir más