En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con el librero José Carlos Benavides, quien nos habla sobre Beloved, la novela consagratoria de la escritora estadounidense Toni Morrison . Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.
Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Archivo personal del entrevistado.
Toni Morrison (1931-2019), Premio Nobel de Literatura en 1993, colocó la experiencia afroamericana en el centro de la literatura y abordó temas como la memoria, el trauma y la identidad. Conversamos con el librero José Carlos Benavides sobre Beloved, novela por la que Morrison obtuvo el Premio Pulitzer de Ficción (1988) y que da voz al trauma de la esclavitud.
Uno de los libros censurados en el Colegio Franklin Delano Roosevelt fue la primera novela que publicó Toni Morrison, Ojos azules (The Bluest Eye).
La censura está mal. Termina siendo una instrumentalización alevosa y obscena de este grupo de padres que fueron avalados por un partido político. El meollo se quedó en «censuraron a una Premio Nobel, a Toni Morrison». Creo que el proceso era un poco más complejo. Si me preguntas, su literatura no es, en primera instancia, para todo el mundo. Las novelas de Toni Morrison tienen pasajes muy fuertes. El problema es que no hay un especialista en la biblioteca que oriente. Es cierto que hoy, con todas las transformaciones culturales que son una degradación del sentido de la lectura, se pueden malinterpretar las novelas de Toni Morrison. Pero que ese riesgo conlleve a censurar, descatalogar o destruir… es estar en una novela distópica como Fahrenheit 451.
¿Por qué leer Beloved hoy?
Es un documento muy valioso para entender un trauma. No recuerdo si es Adorno quien se preguntaba si era viable escribir o hablar de poesía después de Auschwitz. El trauma de la Segunda Guerra Mundial, la deshumanización, el genocidio debería hacer que no haya posibilidad de hablar de las cosas bellas. Hannah Arendt y Viktor Frankl dijeron que sí es posible.
Cuando publica Beloved, Toni Morrison venía de una tradición de explorar el relato histórico de la esclavitud, de los cuerpos negros, que en Estados Unidos representa un trauma racial muy grande. Ahí radica la importancia de leerla hoy más que nunca, cuando las derechas tienen mucho más poder.
Las historias del pueblo negro norteamericano se anclan, se transmiten, se evocan unas a otras. Sin necesidad de que se apele a un victimismo o a un paternalismo rancio, se trata de entender que el trauma, los cuerpos y las personas siguen existiendo. Lo vemos en Sethe, Denver, los hijos de Sethe que se van a vivir sus propias vidas, en Paul D. Son cuerpos traumatizados, pero el sistema te obliga a seguir haciendo y a seguir existiendo.
Beloved es una novela que termina por desbordar el propio lenguaje. No sabes quién está hablando, quién se está preguntando, de quién es el monólogo… Ella no quería retratar esta historia de una manera simple. Quería decir «el trauma desborda». Como madre, dirías: «En mi vida mataría a mi hija». Sethe mata a su hija para que no termine muriendo después. La muerte es una liberación.
La mirada al pasado no es para nada nostálgica. El pasado es una presencia casi física. Y es un pasado que no termina.
Los conceptos como fantasma, nostalgia, recuerdo, me suenan mucho a perspectivas hegemónicas blancas. Eso no las descalifica. A este espectro yo le confiero una identidad, una acción, una subjetividad. En inglés, utilizan «remember», como idea de re-miembro, como una idea de ensamblaje. Este recuerdo no es tuyo, individual, sino general, para el grupo. Cada uno de los sujetos que tiene ese recuerdo (remember) empieza a formar algo mucho más grande, que es esta versión de la historia, de la esclavitud.
Morrison emplea aquí la novela histórica (pero posmoderna) y también utiliza el monólogo interior (como en las vanguardias al inicio del siglo XX). La novela está formada de retazos, residuos, recuerdos, remembers. Termina siendo un desborde de voces. Es una dimensión más comunal, conjunta…
Coral.
Sí, coral. No tiene un orden. Es caótica. El trauma es así. El trauma desarticula la narración. Cuando uno lee sobre traumas, sabe que la linealidad del relato no existe. Son fragmentos, como destellos que aparecen y revelan algo.
Hay una dimensión que trasciende lo individual a algo colectivo y es un duelo general. Hay un duelo racial, pero también es un duelo de grupo. Al final de la novela, hay una suerte de exorcismo de las mujeres que Denver trae para liberar a este espectro. Esto termina reflejando el carácter comunal. En las plantaciones existe la comunidad: ellos bailan, comparten, conviven, se relacionan entre ellos. Cuando adquieren la libertad es el sujeto único, el sujeto individual. Por eso hay una relación interesante entre Sethe y Paul D.: se ve cómo ambos han explorado sus traumas de la etapa de la esclavitud y estas memorias… Es un «yo no quiero volver a la memoria». Mi memoria es un lugar feo, es un lugar al que no quiero volver, pero ya dejó marca en tu cuerpo, en tu espíritu.
No hay recuerdos entre felices y agridulces, no hay un pasado luminoso, esperanzador. El pasado de ellos es uno al que no quieren volver. Pero tampoco saben cómo ir hacia adelante. Ellos son un espacio liminal. Terminan diciendo: «No quiero ir al pasado. ¿Qué es lo que hay adelante? ¿Yo tengo un futuro?». Si no me equivoco, Paul D. dice «nosotros tenemos más recuerdos del pasado que los que vamos a tener del futuro». No saben cómo ir hacia adelante, son sujetos que han sido rotos por el trauma de la esclavitud.
Beloved está ambientada después de la Guerra Civil en Estados Unidos. Después de haber sido esclavos, tienen que aprender a vivir en libertad.
Es, más o menos, en 1850. El sur tiene el tema de la convivencia negra más integrado. Cuando adquieren la libertad están todos juntos, es el gran grupo negro de Estados Unidos. En cambio, esto sucede en el norte. Y si eres un esclavo que escapa o eres liberado, podrían volver a esclavizarte. Está el temor de volver a la situación anterior, pero tampoco sabes cómo relacionarte hacia adelante. Tenías una estructura antes cuando eras dependiente y ahora, como independiente, tienes que volver a aprender. Es como un shock, el sentido de supervivencia tiene que activarse porque, de lo contrario, muy probablemente morirás. Es como sobrevivir al fin del mundo. Mi mundo personal, mi mundo social se acabó. Es pensar qué quiero para mí. Es una pregunta que nunca se hubiera hecho Sethe. No hay lugar como el hogar, donde eres tú y tu lugar en el mundo, el lugar donde te puedes sentir seguro. Sweet Home no es ese lugar. No tienen casa. La casa que encuentran, que solo tiene un número, es el proceso de hacer de esa casa, su hogar. Es sentir: «Este es el lugar donde voy a estar, pero necesito hacerlo mío».
Has hablado de la comunidad. ¿Parte de la sanación del trauma pasa por llegar a formar parte de una comunidad?
No sé si esto se puede sanar. La comunidad ayuda a sobrellevarlo, a transitarlo, a que no sea una experiencia individual, sino más bien una resolución acompañada, un círculo seguro. La comunidad termina siendo lo que te sostiene. En un sistema capitalista que exalta la individualidad, lo colectivo es resistencia, es revolucionario. La comunidad negra norteamericana lo sabe muy bien. Los campos de algodón donde trabajan terminan siendo quizás la única forma de sobrevivencia que ellos tuvieron. Fuera de la esclavitud, lo intentan recobrar porque era el único lugar donde sentían que tenían una razón de ser.
Al final, esta suerte de exorcismo que hacen las mujeres termina siendo una confirmación de este poder de lo comunal para poder liberar, transitar, acompañar a aquellos sujetos que recién están viviendo el trauma y no saben cómo volver a rearmarse. El tiempo del sistema es un tiempo muy acelerado, muy rápido; el tiempo de la comunidad es un tiempo más contemplativo, más lento, es un tiempo que te espera.
No es un tiempo cronológico, es un tiempo kairós.
Es un tiempo que se revela al tiempo lineal. Es un tiempo que cuenta doble o triple antes de que pase un segundo. Gran parte de la narrativa de Morrison tiene eso. Hay una especie de amor comunal. Es un amor que acepta lo roto que estás.
La familia es un clan con miembros que terminan desperdigados y algunos se podrán reunir más adelante.
La familia es una diáspora. Los dos hijos de Sethe que terminan yéndose y haciendo su vida, siguen perteneciendo a un clan a la distancia, hay una línea de sangre. Octavia E. Butler tiene un libro llamado Hija de sangre y otros relatos que transmite la idea de la comunidad trascendiendo los espacios.
Hace un rato imaginabas una segunda parte de la novela. El gospel estaría presente. La religiosidad y la música uniría más a esta comunidad.
Los imagino unidos dentro de la comunidad a partir de la música. Todas las ficciones negras tienen esta peculiaridad de identidad a partir del ritmo, de la música: el canto, el gospel. El jazz, el blues son de origen negro, y eso es una memoria ancestral también. Hay un lenguaje universal, que en este caso es la música, que trasciende. En el momento de la música, todos somos iguales.
¿Cuál es la identidad de Beloved?
Yo creo que es la memoria del pueblo. Es este espectro del pasado y del trauma no único (por más que sea la hija de Sethe). Simbólicamente, para mí no tiene una identidad única, sino una identidad múltiple. Es la propia comunidad, es la propia historia negra que está ahí, presente. Beloved (‘Amada’) representa a todos los esclavos muertos, a sus espíritus que están ahí todavía y te hacen sentir que esto es parte de nosotros, que esta cicatriz que hoy tenemos es parte de nuestra historia. Beloved es el duelo del pueblo negro, con toda su historia, su memoria, sus remembers, sus remembranzas, que están en todos los sujetos negros posliberación de la esclavitud. Ellos no saben cómo entenderlo, si aceptarlo, renegar o desterrarlo. ¡Beloved es asesinada por su madre para que otros no la maten! Para que otros no la ultrajen, para que otros no abusen de ella. Es el miedo latente de la comunidad: que le quiten la dignidad. Beloved es el espectro de la historia, de la memoria negra afroamericana, que también es un sujeto que se transforma para poder convivir con los nuevos sujetos negros. En la fuerza ancestral radica parte de su poder como sujeto. Es decir que estas historias pudieron ser tuyas también y tienes la responsabilidad de seguir adelante.
No quiero dejar de preguntarte por la abuela, Baby Suggs, y su vínculo con los colores. Vive casi toda su vida en esclavitud, hasta que su hijo compra su libertad. Decide pensar en los colores (amarillos, rosados, azules). Se deja descansar y ve estas bellezas pequeñitas.
Creería que es ir encontrando esas otras formas de conocimiento, de experimentar la realidad que no necesariamente tiene que ser de la forma occidental. En vez de hablar en palabras, qué tal si hablo en colores. Tiene que ver con las formas de conocimiento indígena. No lo había planteado como tal, pero denotaría esta idea de buscar otras formas de relacionarse con uno y el entorno.
Sobre el entrevistado
José Carlos Benavides Cervantes es bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y candidato a magíster en Estudios de la Cultura con mención en Artes y Visualidades por la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito). Investiga temas de cultura y política contemporánea, es podcaster y collagista. Desde hace doce años es librero.
Los cinco libros favoritos de José Carlos Benavides
- El jardín contra el tiempo, de Olivia Laing.
- Islas del abandono, de Cal Flyn.
- La materia del duelo, de Alicia Ortega.
- Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores, de Roberto Chuit Roganovich.
- El emisario, de Yoko Tawada.

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