Maria Patricio-Mulero: «Todo escritor tiene una mirada interesante sobre la ciudad»

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En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con Maria Patricio-Mulero, investigadora española con un estudio sobre la ciudad y su representación literaria . Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.

 

Por Ana Rodríguez

Maria Patricio-Mulero* es doctora en Sociología y Gestión Cultural por la Universitat de Barcelona. Se dedica a la docencia y la investigación en Toulouse. Conversamos sobre Barcelona. L’eterna promesa, que describe la ciudad como la gran ilusionista, la capital mediterránea donde todo es posible. Este ensayo también es una invitación al pensamiento crítico como punto de partida para el planteamiento de las políticas culturales. 

 

¿Es posible ser voyeur y flâneur hoy?
Es posible y de hecho es una identidad que se sigue reivindicando. No es algo mayoritario, pero tampoco lo ha sido alguna vez. Las personas que tienen una pasión lectora, tienen una relación con los libros que va más allá. Cuando un libro tiene perspectivas más allá del texto, te preguntas sobre el espacio, el tejido de un personaje, su movimiento. Con los espacios es muy claro: los lugares que aparecen en los libros son visitados por sus lectores. París es la gran ciudad escenario, pero pasa con cualquier ciudad.

Antes de escribir Barcelona. L’eterna promesa, ¿cómo tomaste la distancia necesaria?
La distancia vino naturalmente, pero siempre es un problema científico. Empecé a estudiar la ciudad literaria con mi trabajo de fin de máster (cuando aún vivía en Barcelona), pero profundicé este estudio cuando empecé mi tesis doctoral y me marché. Cuando te marchas, ves más claras las costuras de la ciudad. Vivir en el extranjero me dio la distancia necesaria, pero supone un esfuerzo estar al día en cosas que las personas que están allí viven de forma muy obvia. Es una batalla en curso: encontrar la distancia y la proximidad adecuadas.

Tu ensayo es parte de la colección Ciudades para pensar Europa…
El libro empezó con la iniciativa de Antoni Martí Monterde, de la Universitat de Barcelona, quien tiene un grupo de investigación (al cual pertenezco) llamado Literatura Comparada en l’Espai Intel·lectual Europeu. En este grupo, él tenía unos seminarios que se llaman Ciudades para pensar Europa. Iba llamando a los investigadores y cada uno presentaba una ciudad. De esta iniciativa surgieron los libros sobre Trieste y Barcelona. Se abordaron ciudades que, sin ser capitales, fueran culturalmente relevantes y desde un punto de vista distinto.

El Raval aparece como un personaje en sí mismo. ¿Por qué consideras que ha generado un corpus literario tan extenso y emocionalmente significativo en los siglos XX y XXI?
El Raval representa la alteridad. El Raval es el otro y, como es el otro, crea una fascinación muy intensa en todo el mundo y especialmente en los escritores que dan testimonio sobre quienes lo transitan. Esto no significa que El Raval no tenga una vida propia; muchas veces los autores de los libros no han vivido esta vida propia. Aquellos barrios de bajos fondos, de bohemia, representan un personaje a parte entera y con una gran fascinación.

En el libro dialogan (o colisionan) políticas urbanas y movimientos sociales. ¿Cómo se va construyendo esta mirada literaria de la ciudad y su memoria?
Estoy obligada a citar las investigaciones de mi propio director de tesis: Joaquim Rius Ulldemolins**, que es un gran experto en El Raval y en las políticas culturales. El Raval era un objeto cultural y tuvo una intervención muy importante con la llegada de la democracia y los Juegos Olímpicos. Desde las políticas culturales, se empezó a pensar qué hacer con El Raval, cómo convertirlo en un barrio cultural, que la cultura lo mejorara y a la vez que el Raval siguiera siendo único. Esto era un proceso top-bottom (de las administraciones hacia el territorio). El Raval siempre ha tenido estos movimientos propios que han resistido, que han reivindicado su espacio. Entre la aplicación de políticas culturales y su coexistencia con los movimientos sociales, está la idea que propongo: la literatura no ha borrado toda la memoria del lugar, al contrario: la ha reivindicado y forma parte de ese patrimonio. Cuando vemos las ficciones de El Raval hoy, no se olvidan de lo que fue El Raval, del conflicto social que lo habitó y la diversidad que siempre ha sido su marca de fábrica. El Raval es un barrio de acogida. Pese a la gentrificación, hay un mensaje que nos sigue enviando el Raval: es un territorio que resiste a todo. Forma parte de su encanto, de su propio conflicto y la literatura sigue dando testimonio de este proceso tan ambiguo y a la vez tan fascinante. Es raro que un territorio se resista a determinadas políticas y fenómenos neoliberales como son la gentrificación y el turismo.

Has mencionado los Juegos Olímpicos y 1992 también fue el año que dio inicio a las grandes exposiciones temporales en España. Muchos lo recuerdan como el Big Bang de la democracia cultural en el país. ¿Cómo ves el año 1992?
Fue el año en que Barcelona supo situarse en el mundo. Con las primeras Olimpiadas televisadas en directo (fenómeno de presencialidad global) se quiso demostrar que España era un país democrático y que Barcelona era una ciudad abierta, cosmopolita y con ganas de integrarse a Europa y al mundo. 1992 es el año de la Exposición Universal de Sevilla, el V Centenario del Descubrimiento de América y los Juegos Olímpicos Barcelona 92. ¿Cómo lo viví? Vengo de la periferia barcelonesa. Los Juegos Olímpicos sirvieron para urbanizar los barrios de la periferia. Pasé de vivir en un barrio completamente arrasado a un barrio bonito, con avenidas. Todos en mi familia fueron voluntarios. Tomamos conciencia de que teníamos que aprender idiomas, salir, pues formábamos parte de una comunidad europea. Estaba el orgullo de pensar «esta ciudad también es algo». Veníamos de una historia difícil. La Transición fue difícil. Se vendió como maravillosa y pacífica: no lo fue para nada. Fue una mezcla de orgullo, apertura, cosmopolitismo.

¿Cómo lo vi al momento de escribirlo? Vi que fue una oportunidad histórica que permitió, con un marketing de ciudad, empezar a crear este hito de la ciudad barcelonesa. Por un lado, estaba el orgullo y la pasión por la ciudad creativa, por el «más turismo a cualquier precio» que, con las crisis económicas, generó una frustración entre los barceloneses. Luego, con la pandemia, la época poscrisis, el modelo de ciudad creativo se volvió perjudicial para los propios barceloneses. Todavía arrastramos la crisis de la vivienda como muchos otros españoles (pero en Barcelona es particularmente duro). La forma de entender la cultura también ha cambiado: ahora no solo pensamos en atraer turismo, sino también en reivindicar una cultura propia y generar la cultura que se está creando, precisamente porque Barcelona es una ciudad diversa. Todo esto ha ido evolucionando.

Hemos aprendido que lo que sucedió con las Olimpiadas fue una suerte para dar un impulso a la ciudad, pero todavía estamos revirtiendo ese impulso que han tenido unos intereses destinados a la especulación inmobiliaria.

En el libro mencionas la higienización de la ciudad.
La higienización es una obsesión en el movimiento catalán del Noucentisme, de principios del 1900. Se considera la necesidad de higienización de los espacios porque un espacio amplio, higiénico, salubre permite una sociedad mejor. Con la República, se hacen estudios de arquitectos y una zona prioritaria es El Raval: la gente vive en condiciones misérrimas y se busca que los edificios tengan unos mínimos arquitectónicos y de salubridad para vivir.

Durante el franquismo, el Raval ha sido un territorio olvidado, con prostitución. Con las Olimpiadas, El Raval se limpia. En los 2000 empieza a cambiar y la estrategia es la presión inmobiliaria. También se fueron construyendo estos equipamientos magníficos y necesarios: el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), la Facultad de Filosofía, Geografía e Historia de la Universitat de Barcelona que se encuentra en el Campus Raval. Este campus está ubicado en el centro de Barcelona y los vecinos fueron, poco a poco, expulsados. Desde entonces hay una gran afluencia de extranjeros sin papeles que todavía son más fáciles de expulsar. Aunque sea un territorio bohemio, sigue siendo un territorio que hay que mantener a raya. Me dicen mis estudiantes que cuando visitan El Raval solo les da miedo la calle Robador.

¿Sigue vigente la idea del norte como espacio dominante/moralmente recto/masculino y el sur como espacio dominado/inmoral/femenino?
Esta idea la desarrollé con Joaquim Rius y fue el germen del libro: ¿cuál es la cabeza y el vientre de la ciudad? Aunque la dicotomía de Bourdieu parece radical, sigue siendo así. Los espacios para la clase alta son más ordenados, tienen bibliotecas, librerías, centros culturales; son respetables, están siempre limpios, son seguros de noche. Al vientre de la ciudad se le atribuyen las emociones de las mujeres y son zonas relacionadas con la fiesta, donde hay una expresión más popular del ocio, con restaurantes más populares (hay ahora un auge del street food), la diversión es mucho más amplia y parte de ella está relacionada con el sexo.

En el futuro esta dicotomía no seguirá siendo así. Pero hoy es parte de la organicidad de la ciudad. No hay ciudad a la que haya ido en la que no suceda algo parecido.

En tu investigación ves a Barcelona como una ciudad «en construcción», mientras que París hace mucho que está consolidada como ciudad literaria. La relación que tiene París con la literatura y los espacios es cada vez más nostálgica, ¿Barcelona va por ese camino?
En las entrevistas de mi tesis doctoral ya asomaba esta ciudad nostálgica. Alerté del peligro. Si la ciudad no cambiaba su calidad de vida, los propios escritores no podrían escribir en el futuro sobre esta ciudad. Pasará como con París, Londres o Nueva York: los escritores extranjeros que no vivan en la ciudad, se pasearán y situarán en sus obras cuatro cosas (como sucede con Emily en París que los franceses odian).

Con el tiempo, he leído una literatura parisina más alternativa, más propia, que no conocía. París cuenta con esta proyección imperial por la dominación cultural que tiene. Barcelona no tiene esta capacidad de atracción tan grande. De alguna manera, las cosas pasaron muy rápido para Barcelona. Solo en el siglo XX hay tres Barcelonas: la de principios de siglo (la republicana, que creía que se iba a comer el mundo, además tenía neutralidad jurídica, empezaba a abrirse y todo era fantástico), la Barcelona de la Guerra del Franquismo (fue como un largo invierno, la ciudad estuvo en un congelador, totalmente gris, con la peor represión posible: pasó de ser la rosa de fuego anarquista a vivir la represión total durante el franquismo) y la reconversión en esta especie de capital cultural que quiere ser internacional (llegó muy rápido con los Juegos Olímpicos, pero vino de la mano con el liberalismo que genera dinámicas que ponen en peligro la creación literaria).

Sí, creo que esta visión un poco nostálgica es de los escritores. Pero ¿nostálgica de qué? Hasta hace poco quedaba la esperanza de que fuera a mejor y hoy es una oportunidad un poco perdida. Los escritores cada vez menos quieren vivir en Barcelona. Es una capital cultural y si no se puede vivir en ella, la creación literaria está en riesgo.

¿Qué papel cumplen los antihéroes, marginales y transgresores en el imaginario de Barcelona?
La literatura barcelonesa es una literatura de antihéroes. No tenemos la gran novela de Barcelona. Lo que sí tenemos es el héroe (o heroína) barcelonés que siempre es un antihéroe por dos motivos: porque es una mala persona y triunfa (lo cual dice mucho de la visión que tienen de la sociedad nuestros escritores) o porque es muy buena persona y lo pasa muy mal. Entonces tienen la duda de perder su virtud o perder su evolución. Moraleja: no se puede triunfar en Barcelona siendo un héroe limpio, impoluto.

¿Hace falta irse de Barcelona para triunfar? No. Hoy todo el mundo sabe idiomas, está conectado, consume productos de todas partes. Siguen existiendo los centros de poder editorial. Los escritores top de novelas barcelonesas escribieron desde fuera: Eduardo Mendoza escribió La ciudad de los prodigios cuando vivía en Nueva York, Jaume Cabré escribió desde un pueblo fuera de Barcelona, Jordi Puntí escribió Maletas perdidas viajando por Europa. Todos dicen que necesitan Barcelona por el estímulo, por el contacto con los lectores, etc. Pero cada vez se escribe mejor desde fuera. Quizás es difícil estar en la ciudad y poder hablar de ella, no sé por qué, es una paradoja.

¿Cómo reflexionas sobre las políticas culturales después de Barcelona. L’eterna promesa?
Creo que los escritores tienen un rol intelectual que cumplir con las políticas culturales. Y los artistas tienen que intervenir más. Los clubes de lectura no solo son un nicho para motivar la pasión por la lectura, sino también para discutir temas sociales. Suelen estar reducidos a un evento y no para pensar que quizás las ideas que surgen pueden tener una aplicabilidad social mucho más amplia. Soy idealista en este sentido… Tiene que haber una permeabilidad más grande entre cómo se articulan las políticas culturales y cómo piensan los creadores los lugares en los que viven. Todo escritor tiene una mirada interesante sobre la ciudad que, de alguna manera, podría elaborar una política cultural.

El sociólogo chileno Tomás Peters desarrolla la noción de «democratizar cultural». Implica participar en la creación intensamente, producir en espacios culturales comunitarios, relacionarse con disposiciones cívicas y democráticas que ayuden a la reflexión creativa, la imaginación política y finalmente a la creación de futuro. ¿Cómo repensar las ciudades a la luz de este concepto?
Hay mucho por hacer en la recuperación de las memorias. Con las nuevas tecnologías, los códigos QR en la ciudad, se puede hacer mucho para visibilizar y rescatar otros patrimonios artísticos (musicales, coreográficos, performáticos, del graffiti). Esto permite que la ciudad no sea solo el lugar por donde pasamos y trabajamos, sino que reflexionemos sobre el lugar. Nos estaría responsabilizando sobre cómo pensamos que es la ciudad, cómo podemos mejorarla, cómo podemos ser ciudadanos más activos. Interactúa con la sociología de las emociones: ¿qué sentimos por nuestra ciudad?, ¿pertenecemos a ella?, ¿nos sentimos orgullosos?, ¿sentimos miedo?, ¿sentimos rabia de cosas que pasan en la ciudad? Todo esto es algo que se vehicula a través de la cultura; la literatura es clave por la elaboración del discurso, pero hay otras expresiones culturales. Me parece interesante el democratizar cultural de Tomás Peters que mencionas. Hoy estamos buscando que la cultura empodere y empodere de verdad. Que no solo seamos consumidores de cultura, sino que aprovechemos el poder transformador de la cultura. Me interesa la cultura, su interacción con la sociedad y su potencial como motor de cambio.

 

 

Sobre la autora

Maria Patricio-Mulero es profesora titular del Departamento de Lenguas y Culturas de la Universidad Toulouse Capitole y miembro del laboratorio de investigación LLA Creatis de la Universidad Toulouse Jean Jaurès. Es profesora asociada en esta universidad también, así como en Sciences Po Toulouse. Su campo de investigación cruza los estudios literarios con la sociología del arte en el ámbito catalán y español contemporáneo. Recientemente ha publicado Escriure la ciutat. La construcció literària de Barcelona a l’època contemporània (1970-2015) (Afers, 2023) y Barcelona. L’eterna promesa (Edicions de la Universitat de Barcelona, 2024). En su tiempo libre, escribe, danza y pasea.

 

Los cinco libros favoritos DE MARIA PATRICIO-MULERO

  • El lobo estepario, de Hermann Hesse.
  • París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas.
  • La balada del café triste, de Carson McCullers.
  • La señora Dalloway, de Virginia Woolf.
  • Los miserables, de Victor Hugo.

 

 

* Los libros de Maria Patricio-Mulero se pueden adquirir a través de los siguientes enlaces: Escriure la ciutat. La construcció literària de Barcelona a l’època contemporània (1970-2015) (https://www.editorialafers.cat/es/recerca-i-pensament/573-escriure-la-ciutat-la-construccio-literaria-de-barcelona-a-l-epoca-contemporania-1970-2015-9788418618659.html) y Barcelona. L’eterna promesa (https://www.edicions.ub.edu/ficha.aspx?cod=16615).

**Joaquim Rius Ulldemolins es catedrático de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universitat de València. Su investigación se centra en el análisis sociológico de las profesiones creativas, las instituciones culturales en relación con la política cultural y su instrumentalización en el desarrollo urbano. Algunas de sus obras son The Hidden Side of the Creative City. Culture Instrumentalization, Political Control and Social Reproduction in Valencia (https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-030-81249-2) y Del Xino al Raval: cultura i transformació social a la Barcelona central (https://www.amazon.es/Del-Xino-Raval-transformaci%C3%B3-Barcelona/dp/8496913058).

 



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