Presentamos una lectura del libro de cuentos Cortocircuitos, del escritor Oswaldo Estrada y que acaba de ser editado por Intermezzo Tropical.
Por Isabel Gervasi
Hay libros que leemos con la sensación de estar entrando a una casa conocida y, sin embargo, con cada puerta que se abre, algo inesperado nos sacude. Cortocircuitos, el libro de cuentos más reciente de Oswaldo Estrada, es exactamente eso, una casa de locos, en el mejor y más profundo sentido de la palabra. El libro, publicado por Intermezzo Tropical (2005), está dividido en cinco partes, cada una con un epígrafe o ejercicio temático que no solo da estructura, sino que actúa como una invitación a leer desde una cuerda floja, es decir, entre la cordura y esa delgada línea que nos transporta a la locura. Y no es una locura ajena ni lejana, sino una que todos conocemos. La que brota del amor, de la pérdida, del deseo, del exilio, de la vejez o del desencanto cotidiano. Una locura íntima y universal.
En el prólogo, Estrada nos confiesa: “De niño, veía a los locos por las calles de Lima” (11), y de adulto reconoce que la locura no siempre es un desvarío, sino a veces una lucidez distinta. Esa lucidez dolorosa y a ratos entrañable es la que atraviesa estos relatos, como un hilo rojo que cose las heridas del alma. Es también la que hace que uno no pueda soltar el libro sin sentir que algo propio quedó atrapado ahí dentro.
Varios cuentos tienen la virtud de instalarse en algún rincón de la memoria, debido al desarrollo afectivo de cada uno de sus protagonistas. Uno de ellos es “El otro barrio”, una joya narrativa sobre el duelo y la identidad en clave migrante. Héctor, el protagonista, se enfrenta a un velorio en San Francisco que desafía todo lo que él entendía como rito fúnebre. Entre risas, abrazos y memorias celebradas, el lector se pregunta: ¿cómo se vive la muerte cuando se ha aprendido a habitar entre dos mundos? Este cuento, impecablemente realizado, captura la desorientación ante lo que las diversas culturas esperan de nosotros ante la muerte. Y los que vivimos fuera del Perú, rodeados de otra gente, compartiendo otras costumbres, sabemos que es cierto.
Otro cuento inolvidable es “Muñeca rota”, donde la figura de una maestra jubilada, desdentada y luminosa, brilla con una humanidad desbordante. Aquí la locura no es más que una forma distinta de enfrentar la vida, cantar valsecitos en lugar de imponer disciplina, convertir el aula en un espacio de resistencia afectiva. Pocas veces un relato tan breve es capaz de contener tanta ternura, dignidad y potencia. “Locos de atar”, por otro lado, es, como su título lo anticipa, una locura compartida. El retrato de una pareja que se ama y se destruye con la misma intensidad es perturbador y magnético. Entre alucinógenos y juegos crueles, Estrada nos lleva al límite de lo que el amor puede soportar, y lo hace con una prosa afilada y deliciosa en su malicia. Es un cuento que deja un sabor agridulce, casi venenoso, pero irresistible.
“El turbante”, por su parte, es un relato sobre el deseo, el prejuicio y el asombro ante la vulnerabilidad del otro. La protagonista, Abir, seduce desde la diferencia y desconcierta desde su humanidad. El turbante, símbolo de exotismo y misterio, es también una máscara que, al caer, deja al descubierto no una carencia, sino otra forma de belleza. La forma en que Estrada escribe este encuentro amoroso es sutil y conmovedora, y nos recuerda lo difícil, y lo necesario, que es aprender a mirar lo bello con otros ojos. “Amores fieros”, en otro apartado, se sumerge en los territorios sombríos del resentimiento, la espera y el deseo de revancha. Es un cuento sobre el orgullo herido, la necesidad de venganza y la imposibilidad de soltar al otro cuando el amor ya no redime, sino carcome.
“Cumpleaños”, en cambio, de una delicadeza conmovedora, es de esos cuentos que tocan fibras más profundas y silenciosas. Es una meditación íntima sobre el amor más allá de la muerte, sobre la presencia que persiste incluso cuando la memoria se diluye. Es un cuento sobre la persistencia del afecto, sobre el amor eterno en su forma más trágica, es decir, el amor en la ausencia del ser amado. En “Cumpleaños” la locura no es solo un desvío, sino una forma radical de amar, de resistir, de vivir.
Más allá de cada cuento individual, lo que Cortocircuitos logra como conjunto es crear una constelación de afectos y desórdenes profundamente humana. Estrada escribe con una voz cálida, sin pretensiones académicas, pero con una inteligencia narrativa aguda y feroz. Sus personajes, algunos migrantes, otros envejecidos, muchos queer, todos heridos, están llenos de aristas, de humor y de verdad. Cada cuento es una ventana a sus mundos, construidos con precisión, pero también con compasión.
Leer Cortocircuitos es, por eso mismo, un acto de empatía. Es reconocer la locura en los otros para aceptar la nuestra. Es dejarse conmover por lo pequeño, por lo que duele en silencio, por lo que se canta cuando nadie escucha. Es, en última instancia, un libro que nos recuerda que sin un ramito de locura, como dice uno de sus epígrafes, no hay humana criatura. Estrada cuenta al final del libro que comenzó a escribir estos cuentos durante la pandemia, cuando todos perdimos la cordura, y tal vez por eso estas narraciones nos parecen una tabla de salvación en medio del caos y la incertidumbre de esos días.
Profundamente humano, este excepcional libro de cuentos nos presenta una constelación de almas en cortocircuito; enseñándonos, cuento a cuento, que hay belleza en el colapso, y que, a veces, estar un poco locos es la única forma cuerda de ser y estar en el mundo.
Sobre la autora de la nota y del autor
Isabel Gervasi (Cusco, 1981). Sus investigaciones de doctorado, en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, abordan la novela latinoamericana contemporánea, con énfasis en la violencia, la escritura como forma de resistencia y la construcción de identidades latinoamericanas a partir de la bastardía, la orfandad y la ilegitimidad, temas sobre los que ha publicado diversos ensayos en revistas y libros colectivos.
Oswaldo Estrada (Santa Ana, 1976), de origen peruano, es autor de varias colecciones de cuentos: Luces de emergencia (2019), Las locas ilusiones (2020, 2025), Las guerras perdidas (2021), Dreams in Times of War / Soñar en tiempos de guerra (2025) y Cortocircuitos (2025). Es autor de la novela Tus pequeñas huellas (2023) y ha editado el volumen Incurables. Relatos de dolencias y males (2020), con veinte autores latinoamericanos que viven en los E.E.U.U. En el 2020 obtuvo dos International Latino Book Awards y el Primer Premio de Testimonio de la Feria Internacional del Libro Latino y Latinoamericano en Tufts. En el 2021 fue finalista del Doris Betts Fiction Prize y su libro Las guerras perdidas obtuvo la Medalla de Oro como Mejor Libro de Cuentos en Español en el International Latino Book Awards 2022.

No hay comentarios
Añadir más