Algunos comentarios sobre la FIL que se realizó del 18 de julio al 6 de agosto en el parque Próceres de la Independencia, Jesús María.
Ha culminado una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Lima, la número 13 que cubro de manera consecutiva para Lee por gusto. Puedo decir, por ello, que este evento se ha consolidado como el evento cultural más importante del Perú. Esto, tanto por la cantidad de público que congrega, así también por la oportunidad de ver y escuchar a un cartel diverso de invitados internacionales. Por eso mismo considero que la FIL merece un escenario más adecuado para que el público transite sin aglomeraciones, algo que ocurrió en los momentos pico tal como el último día de feria. Lo del escenario adecuado incluye también auditorios con mejor acústica, servicios higiénicos limpios y menos precarios que los de este año.
Según el reporte oficial se ha superado la meta de más de 500 mil asistentes, sin embargo no se informó sobre el monto en cuanto a las ventas. Se dio cuenta de los libros «más buscados», a lo mejor para no mencionar al libro de la polémica: Revolución en los Andes, de Víctor Polay Campos, cabecilla del MRTA. Esto lo vinculo a lo que me señalaban varios libreros y editores sobre el índice menor de ventas respecto al 2024. Si bien hubo una gran cantidad de público (recordemos que desde el año pasado la FIL dura 20 días), esto no se tradujo en más ventas. Sobre esto último hay mucho que hablar, pero quizás el punto crítico sea el del precio de venta del libro. Es decir, en general no encontré precios atractivos si lo comparamos a las ofertas ofrecidas en librerías o en otras ferias de ingreso gratuito. Precios de 70 soles a más no alientan al comprador sobre todo si consideramos que el precio de la entrada se incrementó a 10 soles (de jueves a domingo y también feriados). Este es un tema complejo porque no se puede obviar el trabajo que demanda la publicación de un libro a las editoriales independientes aunque con los Estímulos Económicos para el Libro y el Fomento de la Lectura, del Ministerio de Cultura, tampoco es que los precios se hayan reducido para el lector de a pie. Si bien los insumos y costos de impresión se han elevado, esto me lleva a cuestionar los alcances y beneficios de la tan anhelada Ley del Libro (Ley N° 31893), cuyo reglamento se aprobó en abril de 2024.
En resumidas cuentas, yo que he ido más de cinco veces a la feria, he comprado solo tres libros que realmente me interesaban y cuyo costo haya sido menor o igual a 50 soles. No puedo obviar tampoco que la situación política y económica del país me ha obligado a enterrar al comprador emotivo que tantas veces fui. A eso le sumo, por supuesto, que gracias a la consideración de autores(as) y editoriales, recibo sus novedades con la expectativa de concretar algunas entrevistas. En fin, sobre el precio de los libros encuentro que ocurre algo análogo a las tiendas por departamento: los precios se elevan inicialmente y luego por eso las «ofertas» de 40% o 3 por el precio de 2. Es decir, el libro que hoy se ofrece a 90 o 100 soles casi de manera permanente, en algunos días (sea por feria o «cyberdays») puede estar a 60 soles. Esta lógica aleja al lector de la compra y por eso es necesario discutir sobre la Ley del Libro.
La FIL tuvo este año a Italia como país invitado de honor y aunque vino una delegación muy interesante en campos no solo literarios, indudablemente un autor reconocido mundialmente habría sido un gran gancho. En algunas ediciones se apostó por traer a un Premio Nobel de Literatura (ocurrió con las presencias de Jean-Marie Gustave Le Clézio y Mario Vargas Llosa), esta vez no hubo ese gran nombre que atraiga al lector. Por supuesto que las presencias de Javier Cercas, Rosa Montero, Piedad Bonnett, Ray Loriga y otras más fueron muy importantes, pero no se debe perder de vista que la FIL es el evento cultural más importante del Perú y que alguna vez trató de emular al Hay Festival por los nombres de sus invitados. En esa línea agradezco también la impecable gestión de prensa y coordinaciones de las entrevistas con varios de los autores que propusimos en Lee por gusto. Así también por la invitación de la Cámara Peruana del Libro para moderar una charla con Guillermo Saccomanno (Premio Alfaguara 2025) y Alejandro Neyra.
Todos queremos que la FIL mejore, que tenga una programación diversa (ojo a esa controversia sobre el libro de Polay que aparecía en la agenda oficial y luego se canceló) y que congregue ojalá a nuevos lectores. En ese sentido, espero que la edición del 2026 supere a esta que ya concluyó para beneficio no solo de los libreros, distribuidores, editores y autores, sino también para quienes buscan consolidar su gusto por la lectura en épocas críticas como las actuales.

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