En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con la filóloga, docente y traductora Lydia Vázquez, quien destaca por su trabajo sobre la obra de Annie Ernaux. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.
Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Mitxi. UPV/EHU
Su pasión por la literatura francesa llevó a Lydia Vázquez a traducir a Poussin, Diderot, Rousseau, Baudelaire, Balzac, Apollinaire, Desnos, Gide, entre otros autores. El año pasado fue nombrada Caballera de las Artes y las Letras de la República Francesa. En esta ocasión, conversamos sobre La mujer helada, de Annie Ernaux (Premio Nobel de Literatura 2022), a quien traduce con gran dedicación.
Annie Ernaux combina en sus obras historia, sociología, narrativa y ensayo.
Es lo que ella denomina autosociobiografía. Ese estilo la caracteriza desde Los armarios vacíos y Lo que ellos dicen o nada. Esas dos novelas están escritas desde la perspectiva de la niña que fue, de la adolescente que fue. Como ella bien dice, en sus primeras obras todavía no ha adoptado ese estilo que la hace única. Su tercera obra, La mujer helada, ya no la considera novela. Su escritura plana no es nada literaria si por ella se entiende que tiene que haber una belleza artística, una belleza literaria. Ella huye de todo eso para utilizar la lengua normal y corriente con la que se comunicaba cuando era pequeña con sus padres. Emplea una lengua totalmente desprovista de efectos literarios y habla de «acontecimientos» (como ella los llama, influenciada por Bourdieu) que han sucedido a muchas personas más (sobre todo a mujeres). Ella llama a su literatura autosociobiografía y trata el aborto clandestino, la violación como primera experiencia sexual, el cáncer de pecho, etc. Todas esas cosas que suponen acontecimientos que rompen con la linealidad de la vida para iniciar otra época por culpa de o debido a ese acontecimiento. Ella considera que hace autosociobiografía porque ese acontecimiento le sucedió a ella y a muchas más en ese momento, por eso también contextualiza histórica o cronológicamente. En cambio, la autoficción es algo individual, muy personal, es un «esto me ha pasado a mí» y Annie, al contrario, intenta siempre contar aquello que puede ser identificable por sus lectores.
En La mujer helada su estilo es sin pausas, casi atropellado. Se capta incluso la propia respiración.
Me gusta que digas eso, es un comentario muy bonito de La mujer helada. Para mí tiene un componente muy especial porque empecé a traducirla con ese libro. No he traducido en el orden cronológico en que ella publicó, sino que cuando Cabaret Voltaire me propuso traducirla, decidió empezar por La mujer helada. Le tengo mucho cariño.
El título es muy significativo: la protagonista, que tiene grandes aspiraciones vitales y sociales, se queda helada por las circunstancias a las que la obliga la sociedad y a las que contribuye un marido que se acomoda enseguida a eso. Ella se queda paralizada, se queda helada. Esa no reacción, que explica muy bien a veces en tono humorístico, irónico, es porque no le da tiempo a pensar casi. Le van cayendo las cosas encima. Ese estilo atropellado, ese narrar en presente, hace que vayamos tan de prisa como ella y que tampoco veamos todas esas cosas que nos caen encima, que nos parezcan normal. Todo llega tan de prisa que no tenemos tiempo de reaccionar. La protagonista tiene atisbos de reacción que van salteados en la obra, pero que al final no se traducen en una reacción de rebeldía o de ruptura. Yo creo que ese estilo atropellado es el secreto: hacernos entender que nos puede pasar o nos ha pasado a todas, precisamente porque no vemos venir las cosas.
A diferencia de las novelas con una heroína que tiene una gran meta y se dedica a ella, en el caso de La mujer helada, pasan varias cosas a la vez y eso se tiene que afrontar.
Retrata perfectamente la situación de tantas mujeres de su época. En Mayo del 68, creíamos que íbamos a cambiar el mundo y soñábamos con una sociedad igualitaria. Y en eso estaba de acuerdo su marido: se casa con un hombre que es intelectual, progresista, que cree en la igualdad de género y luego resulta que la sociedad no es así y se tiene que amoldar. El hombre se amolda voluntariamente porque le viene muy bien. Y ella se amolda a la fuerza.
En la obra es muy importante que ella no tenga nombre. Son él y ella los protagonistas de la historia y eso lo hace más genérica, tenemos más facilidad para identificarnos con esa mujer. Es lo contrario a las novelas tradicionales, con la heroína que se embarca en una meta y, por más obstáculos que tenga, la acaba consiguiendo. Acá es todo lo contrario, es una caída hacia el abismo, pierde esas ambiciones que tenía… hasta quedarse helada.
La protagonista se alejó del contramodelo de su madre.
Es más difícil de lo que parece deshacerse de esa presión social. Sobre todo cuando vas cayendo de trampa en trampa. Cuando se casa, piensa que va a ser otro tipo de esposa, potencialmente distinta al modelo de ama de casa de la época de su madre (aunque su madre no fuera así). Su madre no ha logrado estudiar y quiere que su hija llegue donde ella no ha llegado. En ese sentido, ella debería haber superado el modelo de su madre y no solo no lo hace, sino que es al revés. Yo creo que la presión social es tan grande que no puede. El libro tiene un final abierto. Acaba con el nacimiento del segundo hijo. Luego ya nos enteramos que conseguirá liberarse de esa situación que la oprimía, lograr ser escritora que es lo que ella quería. Creo que lo ha hecho muy bien, no veo cómo podría haberlo hecho mejor.
También hay imágenes como fotografías que muestran el momento que atraviesa: «La noche cae más temprano, trabajamos juntos en el salón. Como somos serios y frágiles, somos la viva y enternecedora imagen de la joven pareja moderno-intelectual».
Me acuerdo perfectamente de ese momento porque es muy visual. Es otra cosa que caracteriza a Annie Ernaux: le da mucha importancia a la fotografía. Ella tiene una memoria prodigiosa. La ayudan los diarios que escribe ininterrumpidamente desde que tenía 17 años y las fotos. Ella conserva esa escritura diarística y las fotos la ayudan muchísimo a rememorar con la mejor objetividad posible aquello de lo que habla. Eso se traduce en una narración muy visual. Volviendo a la imagen que tú citabas, los estás viendo en la sala: trabajando sobre Rimbaud y sobre Ciencias Políticas, pegados el uno al otro, la parejita enternecedora pero frágil, ya avisa. Esa fragilidad va a hacer que a esa pareja le caiga toda la carga opresiva de la sociedad patriarcal.
Ernaux reflexiona: «Una mujer sin casar, existencia aún sin determinar» y, antes del nuevo milenio, Gilles Lipovetsky escribe sobre la tercera mujer, que es la mujer autodeterminada.
Nos autodeterminamos socialmente por el matrimonio y luego por la maternidad. Ella lo dice y no puede estar de acuerdo con eso. Hay otro tipo de mujer. No se puede perder de vista en La mujer helada que una cosa es el modelo social de la mujer (se autodetermina o la determinan desde el matrimonio hasta la maternidad) y esas mujeres de su familia que son muy distintas, que no corresponden en absoluto con ese modelo: sus tías, su abuela, su mamá son mujeres fuertes y empoderadas. Su madre es todo lo contrario al modelo social, es un contramodelo. Le parece normal que su padre se ponga a pelar patatas y a fregar los platos, y que su madre haga la contabilidad del negocio. Cuando el marido la obliga a hacer lo que hacía su padre y le dice: «Yo no me voy a poner a pelar patatas como tu padre», ahí se le desmorona esa imagen.
La mujer helada puede ayudar más a reaccionar a las mujeres reales porque esa mujer que lo supera todo no existe. Yo creo que todas hemos sido mujeres heladas en algún momento de nuestras vidas. Eso es lo que tiene en común la obra de Annie Ernaux. Siempre te identificas porque te está contando la verdad. Es una escritura auténtica. Nos cuenta la verdad como la ha vivido ella en todo momento.
Hay muchas referencias culturales. En un mundo que todavía no estaba globalizado, las lecturas de los públicos estaban más diferenciadas. Hoy somos culturalmente más omnívoros (o la posibilidad está ahí).
Se han globalizado las referencias culturales muchísimo más. En los libros de Annie se ve la tendencia a la globalización. Hay referencias culturales francesas y luego se ve que están bailando lambada, aparecen referencias culturales globalizadas. Mantengo las referencias no solo francesas, sino normandas. Hay muchos normandismos, palabras que solo se entienden en Normandía (no en París ni en Marsella). Son referencias muy locales. Tiene muchas referencias culturales porque ella defiende que la cultura popular es igual de válida que la cultura de la élite. Defiende las canciones, películas, programas de radio, programas de televisión, revistas femeninas en sus libros. Las canciones a las que Annie remite hay que escucharlas porque la letra tiene que ver con la obra. Y si pone una película, lo ideal sería ir a verla. Como traductora, añado el nombre de la cantante, la actriz, etc. Lo ideal sería ir a las referencias y volver a leer el libro porque ya lo lees de otra manera.
¿Has propuesto incluir notas del traductor?
Las traducciones de Annie Ernaux son sin notas. No son obras para ser anotadas porque se rompería el ritmo de la lectura. En cambio, para la editorial Cátedra hago traducciones críticas, escribo el prólogo y muchísimas notas porque lo exige la editorial. Esa forma que tienes tú de leer primero el prólogo, el epílogo y las notas a pie de página me parece una buena idea, la voy a aconsejar a mis alumnas.
Mientras más complicada la traducción, más me apasiona. Todos los libros de Annie Ernaux necesitan adaptaciones. Eso es algo que ella exige de la traductora, del traductor. Como es autosociobiografía, quiere que el lectorado se identifique con ese personaje que es ella y que el acontecimiento que ella ha sufrido, padecido o vivido sea muy parecido al acontecimiento que el lector ha vivido. Dese el lado creativo, hay juegos de palabras y el francés lo permite por su estructura fonética, porque hay mucha homofonía. Esos juegos de palabras son imposibles en español: puedo ser literal o buscar otro juego de palabras.
¿La mejor traductora de una escritora es una mujer?
Me parece que lo ideal es eso, participar de la sensibilidad que tiene la autora. Annie Ernaux es una mujer de gran sensibilidad feminista, es activista. Si eres mujer, te acercas más a su pensamiento. Incluso, diría yo, si eres mujer de izquierdas. Por otro lado, un traductor tiene que ser capaz de traducirlo todo. Lo ideal sería estar ideológicamente lo más cerca posible del autor o autora, pero… si se traduce desde el conocimiento, la comprensión, la tolerancia, se puede traducir muy bien. Los traductores tenemos que tener una mente muy abierta. Ahora hay una nueva traducción de Mein Kampf, del alemán al francés, que es mejor traducción que la anterior. El traductor piensa lo contrario del autor, pero ha sido capaz de hacer una buenísima traducción de ese libro, necesario para analizar la ideología nazi. Te puede llegar a pasar eso: traducir libros de los que estás totalmente alejado y hacer un buen trabajo por tus conocimientos históricos, sociológicos, etcétera.
¿El mejor lector es el traductor?
Sí, estoy convencidísima, aunque solo sea por las veces que leemos el libro. Yo leo el libro tres veces antes de empezar a traducirlo. En la primera lectura me entero de qué va, en la segunda empiezo a mirar las dificultades de traducción y en la tercera ya he trabajado las dificultades de traducción y lo leo entero. Solo entonces traduzco.
¿Por qué leer a Annie Ernaux?
Porque huye del estereotipo de los valores universales (que me parecen que son patriarcales, cis y blancos). Sí, es verdad que ella se acerca lo más posible a algo que nos llega a muchísima gente y sobre todo a las mujeres. Lleva publicando desde 1974 y mis alumnas de 20 o 21 años la adoran. Se acerca lo más posible a esas preocupaciones universales porque habla mucho de relaciones humanas, opresión, imposición de normas sociales.
A su manera, es historiadora y socióloga. Los libros de Annie Ernaux pueden ser considerados ensayos sociológicos o ensayos históricos. Cuenta otra historia, la de los subalternos: le da voz a aquellos que no tienen voz. A las mujeres, a los obreros, a las clases humildes y los pobres. Estamos hablando de interseccionalidad. Además de ser mujer, viene de la clase obrera: está sujeta a una doble opresión.
Sobre la autora
Lydia Vázquez Jiménez es catedrática de Filología Francesa e investigadora principal del Grupo de Investigación de Género de Estudios Franceses de la Universidad del País Vasco. Se ha especializado en literatura francesa del siglo XVIII comparada con otras artes y en traducción literaria. Es autora de varios libros y artículos sobre literatura libertina, literatura y género y literatura erótica. Desde hace diez años traduce a Annie Ernaux para la editorial Cabaret Voltaire.
Los cinco libros favoritos de Lydia Vázquez
- Autosociobiografía: La mujer helada y Los años, de Annie Ernaux.
- Ensayo: Lo que no tiene precio, de Annie Le Brun.
- Novela: La hija pequeña, de Fatima Daas.
- Testimonio: Solo la esperanza calma el dolor, de Simone Veil.
- Poesía: Recuerdo, de Natalie Barney.

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