En esta entrega del ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, charlamos con la investigadora literaria y narradora Mariana Libertad. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.
Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Archivo de la autora
Especialista en literatura escrita por mujeres y pensamiento feminista, Mariana Libertad conversó sobre las 44 viñetas que conforman La casa en Mango Street, novela corta de Sandra Cisneros, escritora mexicana-estadounidense que en el 2016 fue condecorada con la Medalla de las Artes.
¿Cómo se inserta La casa en Mango Street en la literatura de la migración latinoamericana en Estados Unidos?
Este libro es una suerte de clásico. Hay algo que me parece muy relevante: forma parte de la tradición literaria mexicana y tiene mucho de la tradición literaria estadounidense. Desde su identidad (visiblemente chicana y militante), se emparenta con Las manos de mamá o Cartucho, de Nellie Campobello. El centro de esta novela breve no es necesariamente la identidad nacional, sino la identidad en un sentido mucho más amplio. La protagonista, Esperanza, vive en un barrio latinoamericano, está desarrollando su identidad ahí y la lengua es una gran protagonista de la historia.
La hibridez está muy presente en la novela.
Sí, porque Esperanza empieza a conciliar cosas que parecen contradictorias. La conciliación de fragmentos se va dando a medida que ella va comprendiendo, pero no creo que la novela cierre con una identidad conciliada del todo, sino que abre preguntas, abre problemas. Además, hay una cosa que pasa normalmente en las familias migrantes: los hijos de papás hispanos hablan en español con los padres, pero entre ellos hablan en inglés. Hay códigos de comunicación. El español se convierte en la lengua familiar, ancestral, tradicional, pero es algo que diferencia de otras familias.
Las viñetas muestran la cotidianeidad de Esperanza, como un croquis de su vida diaria.
Como sucede con De cómo las muchachas García perdieron el acento, tiene un toque de autoficción. Se está narrando la experiencia migratoria desde la perspectiva de estas mujeres que tienen dos identidades o tienen una identidad híbrida. ¡Yo!, de Julia Álvarez, es un libro interesantísimo. Con su título hace referencia a Mujercitas, y es una manera de inscribirse en el mundo anglosajón.
Hay momentos en que la escritura de Cisneros es poética: «La gente que vive en las colinas duerme tan cerca de las estrellas que olvida a los que vivimos demasiado pegados a la tierra». Sin embargo, no deja de cuestionar su identidad.
La voz de Esperanza es muy poética. Siento que trata de hablar de esa identidad no tan definida y el hecho traumático que implica. Hay algo que me resulta muy interesante de debatir en este momento histórico: si las hermanas García y Esperanza se quedaran en México o en República Dominicana, ¿tendrían las mismas oportunidades? Ellas sienten que el futuro está afuera de América Latina. En estas obras está muy bien elaborada la incomodidad económica. Es una apuesta a futuro. Y también ves cómo Latinoamérica se cohesiona (y se termina acercando) cuando estás en Estados Unidos.
¿Qué diferencias notas en la mirada de la mujer migrante a Estados Unidos?
Hay varias cosas que son relevantes. Lo primero es la cuestión del cuidado: cuando una mujer relata un hecho migratorio, hay una necesidad de cuidado y de protección que se cuela en el discurso, que es percibido por las voces narrativas femeninas y tiene una centralidad que no tienen otras historias. En el caso de ¡Yo!, no es tan central. Las mujeres hablan de formas de violencia específica (casos de violencia sexual) que son preocupaciones no tan relevantes en otros textos migratorios. También es interesantísimo que se le asigne a la mujer la labor de cohesión del hogar. Se dice «la casa de mi mamá», que es el eje. Esta labor de cohesión familiar también tiene mucha centralidad en la obra que escriben las mujeres. La casa tiene mucha importancia: no puedes perder el hogar por el hecho de que migres. Aunque no es específico de las mujeres, también se visibiliza la doble jornada (la mujer trabajando un montón de horas y regresando a casa a trabajar otra vez) o las niñas al cuidado de los hermanitos.
En la obra de Sandra Cisneros hay un feminismo no tan explícito. En una entrevista fue más directa y dio tres reglas de oro para las mujeres jóvenes: «Gana tu propio dinero, valora la soledad y controla tu fertilidad».
Es el fundamento de muchas reivindicaciones feministas: la autonomía económica es fundamental. Hablaríamos de autonomía económica y emocional. Controlar la fertilidad y valorar la soledad tienen que ver mucho con la independencia emocional. No depender emocionalmente de otro me parece un consejo maravilloso. Parece una reelaboración de Una habitación propia, de Virginia Woolf.
La protagonista, hacia el final, se hace la promesa de tener su propia casa. Es una declaración de independencia. La novela se publicó en 1984 y se reeditó casi 40 años después.
La leí en la reedición. Me pareció muy actual y ahora lo es más todavía. Tener un espacio propio está vinculado a esta especie de persecución que sufren los extranjeros. El asunto es tener un espacio que sea tuyo, del que nadie te pueda sacar. Me parece que eso es clave dentro de la historia. Me parece interesante el hecho de resguardar las cosas valiosas.

Sandra Cisneros
¿Por qué leer a Sandra Cisneros? ¿Por qué leer a más escritoras?
La literatura de Sandra Cisneros siempre termina interpelando. Te conduce a escuchar tu propia voz. La suya es de quien experimentó ciertos procesos en carne propia. Me gusta mucho que en esta obra escoja la perspectiva infantil, pocas veces se habla de la migración en las infancias. Y se muestra a la familia latinoamericana como un valor de identidad que no es negociable.
Leer a escritoras es tener otras perspectivas sobre fenómenos que dábamos con respuestas únicas, es una manera de ampliar las miradas sobre algunos hechos históricos, políticos, culturales. Me gusta mucho pensar en la experiencia femenina frente a ciertos acontecimientos. Las mujeres también forman parte de la tradición literaria. En el caso de la escritura de migración: permiten hablar sobre todo lo que ha hecho la comunidad latinoamericana en Estados Unidos y en Europa.
Ayer en la clase de posgrado estaba hablando de crítica literaria feminista. En los ochenta hubo un giro y se trató de volver a los textos escritos por mujeres. En el marco de la academia se volvió a esta revisión y en los últimos diez o quince años, las editoriales están editando a más mujeres y se están traduciendo más obras también. Desde que elegí esta línea de investigación, descubrí que leyendo a escritoras se puede contar una historia de la literatura un poco más honesta. En esta línea, estoy haciendo una página web llamada Voces invisibles.
Los cinco libros favoritos de Mariana Libertad Suárez
- Parentesco, de Octavia Butler.
- Necesitamos nombres nuevos, de NoViolet Bulawayo.
- Jazz, de Toni Morrison.
- Playa de vidas, de Rosa Arciniega.
- En aquellas islas del Caribe, de Blanca Rosa López.
Sobre la autora
Mariana Libertad Suárez (Caracas, 1974) es diplomada en Estudios Postdoctorales en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela, doctora en Filología Hispánica y doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus obras destacan los ensayos Sin cadenas ni misterios: representaciones y autorrepresentaciones de la intelectual venezolana 1936-1948 y La loca inconfirmable: apropiaciones feministas de Manuela Sáenz, el poemario Oscura bisagra y el libro de cuentos Uno nueve siete cuatro. Desde el 2014 es docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú y dicta talleres literarios de forma independiente. Actualmente está desarrollando una investigación sobre las identidades femeninas en los procesos migratorios.

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