Leslie Guevara: «Los estudiantes son mi terapia»

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En esta nueva entrega de nuestro ciclo de entrevistas sobre literatura escrita por mujeres, presentamos una charla con la periodista y escritora Leslie Guevara. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.

 

Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Mario Colán

Desde hace diez años Leslie Guevara (junto con César Bedón) acompaña el proceso creativo de quienes participan en los talleres de escritura de Machucabotones. Periodista, voluntaria y amante del cine, próximamente publicará su primer libro.

 

Leslie, ¿por qué escribe una mujer?
Porque lo sientes todo. Estás con la tensión en todo, en ti misma. Es una necesidad de volcar lo que llevas dentro de la manera más transparente y pura, sin que se te escape nada. Podrías también transmitir a través de una pieza de cerámica… En escritura es como si estuvieras tocando el alma de una persona. Escribir, leer, te conecta con una fuente de vida.

 

¿A qué escritoras vuelves? ¿Tus libros son tus objetos más preciados?
A Cristina Peri Rossi, por su fuerza, su musicalidad, su cosa descarnada. Vuelvo a Anne Sexton, Carmen Ollé, Pizarnik. María Emilia Cornejo me gustó mucho, la investigué, entrevisté a Pedro Casusol. Sobre los libros… a veces piensas en eso. Cuando veo desgracias como la DANA en Valencia y miro las fotos familiares que se han mojado, pienso en mis cuadernos, tengo un montón. Libros también, por supuesto. Con el paso del tiempo, las mudanzas, los he ido prestando, regalando porque cuando te gusta mucho un libro… Desde que empezó la pandemia leo en Kindle. A veces me da ansiedad por un libro específico. ¿A ti no te ha pasa?

 

¡Sí! Hace poco con Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo, de David Lipsky. Te quería preguntar si consideras que el escritor debe mantenerse como un lector oposicional.
No sé si todos los escritores tengan ese punto de vista, dependerá de su historia, de lo vivido, de la ambición de cada autor y sus exigencias como lector del texto. Me descubro como una lectora que desarma las cosas, con un lápiz para analizar por qué una oración funciona de esta manera, leyendo el mismo libro. Soy una observadora de por qué cada autor hace lo que hace.

 

¿Qué balance haces después de una década con Machucabotones?
Usualmente la escritura creativa termina siendo lo menos creativo del mundo. El trabajo en Machucabotones es desaprender y quitar etiquetas y prejuicios. Queremos autenticidad, punto de vista, honestidad. Los talleres me enseñan todo. Es estar en contacto con la gente en vivo y en directo. Tantas historias hacen que tu punto de vista crezca cien veces. Machucabotones me enseña a ser solidaria, tener compasión, darme cuenta que la otra persona es otra historia. A César y a mí los talleres nos han construido. Los estudiantes son mi terapia. Veo su proceso de sanación. Me alucina su capacidad de seguir conociéndose. Cuando me siento ahogada en deberes, pendientes, me dan fuerza, energía, entusiasmo, confianza, perspectiva. Cuando me he sentido bloqueada en mi escritura, mis alumnos me llenan de energía.

 

Tienes una faceta de editora y estás colaborando con la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad.
A través de la asociación hacemos voluntariado. Publicamos un libro de cuentos, otro de poemas. Es un chambón y siempre digo «¿¡por qué hacemos esto!?». Tenemos que seguir porque es necesario. Los participantes ganan una nueva mirada, un nuevo lugar, prestigio, van transformándose. Ser editora de estos textos me da mucha alegría, vamos viendo cuántas personas participan, quiénes participan. Coordinamos quiénes dictan los talleres de escritura en penales de todo el Perú, vemos los avances de los participantes (si ya salieron, si venden las cerámicas que aprendieron a hacer, etc.).

En el caso de Esta historia casi no la cuento, fue una experiencia que trajo mucho enriquecimiento. Fue muy difícil mantener el entusiasmo, sacar las historias porque estábamos en pandemia. Son relatos grandes, de 10 mil palabras. Cuando estás editando, estás con el corazón en la mano, te sientes vivo.

 

¿Qué pasó con La Calata Culta?
Cuando comencé a escribir La Calata Culta tenía más tiempo y era un paraíso: me pasaba todo el día leyendo. Estaba más en contacto con el lado cultural. Estudié Ciencias de la Comunicación hasta octavo ciclo. Recuerdo que era reportera en Alterna TV. La San Martín de Porres confiaba en sus estudiantes, los empoderaba. Viví intensamente la universidad desde el primer ciclo, pero luego mi papá se enfermó, hubo problemas económicos y tuve que empezar a trabajar porque soy la hermana mayor. Empecé a estudiar cine y trabajé como secretaria y en bastantes lugares desde bien jovencita.

La Calata Culta tiene bastante de mí, nació de mí, como en La sustancia, jajaja. Tiene un poco de varias mujeres, por eso conectó de esa manera. Salió en una revista, en Velaverde. Es una columna a la que le tengo mucho cariño por irreverente, suelta, relajada.

¿Y podría regresar?
Voy a publicar mi primer libro. Parte de la columna y, conforme pasó el tiempo, he ficcionado algunas historias que conectan más con mi sentir. Me gusta que sea así, que no haya apuro, que sienta ilusión. Ya he terminado de editar varias veces este libro de relatos. Quiero que el libro salga el año que viene.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE LESLIE GUEVARA

  • Espera a la primavera, Bandini, de John Fante.
  • Filosofía en los días críticos. Diarios 1996-1998, de Chantal Maillard.
  • La uruguaya, de Pedro Mairal.
  • Pura pasión, de Annie Ernaux.
  • Las muertes chiquitas, de Margarita Posada Jaramillo.

 

SOBRE LA AUTORA

Leslie Guevara (Lima, 1990) es comunicadora y directora de la escuela de escritura Machucabotones. Fue columnista de la revista Velaverde y sus relatos aparecen en Sexo al cubo. Veintisiete relatos sobre la sexualidad femenina en el Perú, Hermosos ruidos. 27 relatos de Sudamerican rockers y Relatos sobre mujeres que lucharon por la Independencia del Perú. Ha realizado talleres de narrativa en cárceles peruanas, en coordinación con la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad (fundada por el padre Hubert Lanssiers).

 



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