La escritura en la tormenta: Un diálogo sobre «Neutrino. Cuaderno de navegación»

libro de gunter silva

El escritor e investigador italiano Alessandro Pozzolo nos presenta el siguiente diálogo con el autor peruano Gunter Silva, con motivo de su más reciente libro, Neutrino. Cuaderno de navegación.

 

Por Alessandro Pozzolo*

El escritor peruano Gunter Silva me recibe en su hogar en Londres, un refugio donde el verdor del jardín susurra secretos de vida, dolor y esperanza. Con un halo de magia y melancolía, conversamos sobre su última obra: un libro enigmático que se despliega como un diario de enfermedad, entrelazando fragmentos de vida y sufrimiento en un fascinante mosaico literario. Sus páginas, impregnadas de poesía y desasosiego, iluminan el camino para enfrentar esa realidad inevitable que es la enfermedad. Aunque también se cuelan otros textos como: crónicas, poemas, ensayos literarios, crítica, correspondencia y mucho más. En este Neutrino, cuaderno de navegación (Laboratorio Editorial. Lima, 2014), el autor nos invita a un viaje introspectivo, potente y profundo sobre la fragilidad del ser humano, que el lector no debe perderse. Dejo mi bicicleta estacionada en el patio de su casa y disparo, como un francotirador, las preguntas.

 

¿Cuándo comenzaste a considerar que tus cuadernos de notas personales podrían transformarse en un libro?
Cuando empecé a escribir en el cuaderno, no lo hice con la idea de un libro. Escribía para entender, para poner en palabras algo que muchas veces no podía decir en voz alta. Era una manera de mantenerme cuerdo, de sostenerme a mí mismo en un momento en el que todo parecía estar viniéndose abajo. No pensaba en el público, solo en lo inmediato: el día, el dolor, la pequeña victoria o el miedo del momento.

Luego, algo cambió. Releer esas páginas fue como verme desde afuera, y ahí entendí que lo que había escrito no era solo mío. Las notas hablaban de algo más grande: la lucha de todos los que enfrentan algo que no pueden controlar, como es la enfermedad, Y en ese instante, comencé a pensar que tal vez esas palabras podrían acompañar a otros. De otro lado, un gran amigo escritor, Pedro Novoa, a quien le confesé que una novela en la que estaba trabajando no avanzaba, me preguntó cuántas páginas había escrito en mi diario. Cuando le dije que ya había terminado un cuaderno entero, me respondió: Ahí tienes ya un libro.

Pero el proceso no fue rápido; hubo muchas dudas. Los cuadernos se acumulaban en los cajones de mi escritorio, llenos de anotaciones que no sabía si algún día verían la luz. Varias veces dudé en publicar Neutrino; es un libro profundamente íntimo. Sin embargo, cambié de opinión porque, a veces, lo único que necesitamos para seguir adelante es saber que alguien más ha estado ahí y ha encontrado la manera de continuar.

 

¿Cómo ha sido el proceso de ensamblar los fragmentos y editarlos? ¿Se ha modificado el orden de los textos para resaltar las conexiones y simbologías presentes?
No, no hubo cambios drásticos en la secuencia o estructura. El orden siguió siendo cronológico, salvo un par de entradas que se movieron para que todo cobrara sentido. Una de esas fue la primera. Originalmente decía: «la vida era fácil, la enfermedad no». Así arrancaba el diario. Pero en un Pub de Londres, el poeta Luis Rebaza Soraluz pidió una cerveza y quiso pedir otra para mí; le dije que no, que solo tomaría una coca cola porque tomaba 12 pastillas para vivir y el alcohol me estaba prohibido. Él me dijo: Allí está, ese es el principio de tu libro. Lo que sí pasó fue que se cortó mucho. Había entradas que ni yo entendía, estaba demasiado drogado por las medicinas y mi letra era un garabato indescifrable. Otras parecían arrancadas del dadaísmo, un sinsentido total. También se eliminaron algunas entradas irrelevantes, porque de lo contrario habría terminado siendo un libro de 450 páginas. Era necesario ajustar, cortar lo que sobraba. No se trataba de traicionar lo escrito, sino de hacerlo compacto y con sentido. Un libro que dijera lo necesario sin desperdiciar espacio.

 

La narración aborda temas profundamente tristes, pero también incorpora momentos de humor y ligereza. ¿Ha sido difícil encontrar un equilibrio entre estos dos extremos?
Siempre he sido un hombre con bastante sentido del humor, pero la enfermedad me lo fue robando. Sin embargo, he escuchado a varios lectores decir que en una página lloran y en la siguiente, se ríen. Eso me da esperanza. Me hace pensar que no he perdido la chispa. La verdad es que escribía cada día, dejando que el estado de mi ánimo guiara las palabras. No había un plan. Pienso que la vida es un tira y afloja entre el dolor y la risa.

 

¿Cómo se entrelazan el proceso de escritura y la experiencia de la enfermedad como formas de reflexión sobre la vida?
La escritura y la enfermedad son, en esencia, dos modos de reflexión sobre la vida que nacen del distanciamiento. La enfermedad saca al ser humano de la rutina, colocándolo ante la fragilidad de su existencia. El distanciamiento es un fenómeno complejo; la enfermedad, al arrastrarnos a un estado de vulnerabilidad, nos separa de nuestro entorno, de nuestras relaciones y de nuestra propia identidad. En ese aislamiento, se revela una nueva perspectiva de la vida. La experiencia del dolor nos obliga a contemplar lo que realmente importa, a cuestionar el sentido de lo cotidiano.

Por otro lado, la escritura también implica un distanciamiento. Para poder escribir, hay que distanciarnos de la inmediatez y otorgarnos la oportunidad de buscar sentido en medio de la bulla del mundo.

 

Has empleado una prosa clara y potente, lo cual no ha impedido que abordes temas de gran profundidad. ¿Cómo logras equilibrar la simplicidad del lenguaje con la complejidad de los temas tratados?
Creo que para hablar con claridad y profundidad, es esencial escribir con sencillez. Las palabras deben ser como balas: directas e ir al punto, yo soy un ferviente defensor de la economía del lenguaje. El arte de narrar historias radica en desmenuzar ideas complejas hasta que queden completamente al descubierto, como un relojero que desmonta cada engranaje, mostrando el intrincado mecanismo que da vida al tiempo.

Actualmente vivimos una época donde los políticos abusan de la verborrea y el oscurantismo, la verdadera esencia de la comunicación radica en la claridad. La sencillez de las palabras puede ser igual de poderosa y poética. En un mundo saturado de lenguaje manipulativo y “pensamiento doble”, como en la novela de George Orwell, es la claridad la que debe prevalecer. El verdadero acto político consiste en utilizar el lenguaje para construir puentes y recordarnos que la belleza y la verdad se encuentran en lo simple y lo comprensible.

 

¿Cuál es el significado o la razón detrás del nombre «Neutrino» para tu diario de enfermedad?
La razón de «Neutrino» como título del libro, es porque evoca la naturaleza insignificante y ligera de esta partícula. Los neutrinos atraviesan todo: nuestros cuerpos, el planeta y el vasto universo. Son casi invisibles, y sin embargo, están en todas partes. En mi vida, aspiro a ser como los neutrinos: ligeros y desapegados de todo peso, capaces de atravesar todo: dificultades, obstáculos, altibajos, enfermedades. E incluso la muerte.

 

 

*Alessandro Pozzolo (Roma) Es doctor en Escritura Creativa por la Universidad de Chichester, Inglaterra. También tiene una maestría de la Universidad de Lancaster. Habla francés, español, inglés e italiano. Actualmente trabaja en el departamento de Idioma Inglés en una universidad londinense. Lo encontrarás sumergido en alguna novela oscura de los años cincuenta o escribiendo en su anticuado portátil Lenovo. Ha colaborado en varias revistas literarias italianas y anglosajonas.



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