En esta nueva entrega de nuestro ciclo de entrevistas a autoras de poesía, presentamos una charla con la periodista y poeta María del Carmen Yrigoyen. Este ciclo es posible gracias a Lexitrans Perú.
Por Ana Rodríguez
Crédito de la foto: Alonso Chero
Después de dedicarse a las crónicas y reportajes, María del Carmen Yrigoyen empezó a escribir poesía. Carne cruda, su ópera prima, es un libro de poemas contemplativos, con sujetos escindidos y que da cuenta del estado de su voz poética. En esta conversación conocimos las técnicas surrealistas empleadas por la poeta.
Después de varios años trabajando como periodista, ¿qué tan distinto es el trabajo con la palabra en la poesía?
Mi trabajo periodístico es muy descriptivo. Recurro mucho a la imagen, a la observación. Mi poesía tiene muchas imágenes. En Carne cruda hay una voz poética que observa cosas que ocurren a su alrededor. Hay un viaje, una caída. Si bien, parto de imágenes y de la palabra, el periodismo y la poesía están en distintas claves.
Tu primera experiencia publicando poesía fue con la antología poética Aquí no hay musas, a cargo de las egresadas de la Maestría en Escritura Creativa de San Marcos. ¿Cómo fue esa experiencia?
Mi promoción ingresó el 2021, estudiamos en la modalidad virtual y se pudo matricular gente que vive en Lima, Arequipa, Cuzco… La antología la coordinamos con Grace Gálvez, compañera de la maestría. Grace es una gran amiga y trabajamos juntas en El Comercio. Ella se encargó de la corrección de estilo y yo de la edición. Invitamos a las mujeres de nuestra promoción de la maestría porque es mucho más fácil producir un libro cuando el grupo es más pequeño. Y nos gustó la idea de que hubiera una voz más femenina.
Las secciones «Aéreos», «Subterráneos», «Submarino», ¿fueron planteadas por ti o por el editor?
El poemario nació así. Nació más pensado en el viaje, era una suerte de destierro: los poemas iban hacia el aire, hacia el mundo subterráneo y hacia el mundo submarino.
A veces me doy cuenta que escribo un texto, luego otro y son el mismo poema. Es un sueño interrumpido, un mismo sueño. Es el mismo poema que nació de forma interrumpida. También he escrito un texto más largo y he visto que contiene poemas distintos. Los he ido cortando, separando.
En Carne cruda la imagen se materializa desde el subconsciente. ¿Cuáles fueron las técnicas que empleaste?
La autohipnosis que empleaban los surrealistas para llegar a estados de sueño o de locura. De acuerdo con ellos, cada uno debía propiciar su momento de inspiración, generar sus imágenes. Busqué audios de meditación y ejercicios de respiración para someterme a un estado de sueño y entonces poder ver algunas imágenes que no siempre me parecen dignas de escribirse, pero otras sí.
Otra técnica es la escritura mecánica y los ejercicios de respiración. Siempre hago algún ejercicio que de alguna manera me termine alejando de lo que he estado leyendo o haciendo en el día. Luego, cojo el lapicero y me pongo a dibujar, garabatear, a ver qué sale. No siempre sale algo. A veces hago figuras y a partir de ellas, voy escribiendo.
También me gusta mucho el collage. Está más ligado al azar objetivo, como lo llamaban los surrealistas. Lo que hago es coger varios libros (hay una selección a priori: sé que hay algunos libros que van a tener frases o palabras que estoy buscando), abro una página al azar y la primera palabra o frase que vea la voy anotando, hasta que tengo un corpus. Esto adquiere una forma inicial y luego la voy modificando, corrigiendo, editando. Veo qué me sugiere, después de ese boceto, ese collage, le voy dando forma.
¿Qué otras influencias podrías identificar?
Los talleres de poesía con Marco Martos, que es un gran poeta. Tiene un nivel altísimo y es una persona muy aguda para hacer las críticas. Sabe exactamente por dónde estás yendo, cómo ayudarte a mejorar. Es difícil editar poesía. Pero él nos ha guiado muy bien. Yo no había hecho nada de poesía hasta ese momento.
Leo de todo, releo, veo todo tipo de series y está la vida. Me gusta mucho Alejandra Pizarnik, pero mi poesía no es como la de ella. Hemos recurrido a alguna metodología similar, porque ella estuvo muy ligada al movimiento surrealista. Me gusta mucho la narrativa japonesa, algunos autores japoneses son más sensoriales, eso también influyó. Yasunari Kawabata es de mis autores japoneses favoritos. He leído mucho a Breton. Me gusta mucho Watanabe, Eielson. Blanca Varela, los poetas peruanos. En el Perú hay una larga tradición de poesía. Pero lo que más influyó en este poemario fueron los mecanismos de los surrealistas. Luego de eso, mi fascinación por el psicoanálisis.
En el poemario hay imágenes luminosas y mortuorias.
Se va oscureciendo. Estas técnicas que mencioné te llevan al sueño. No necesariamente es un sueño luminoso, puede ser una pesadilla donde veas una carnicería o distintos tipos de elementos. Carne cruda es una frase o un verso en uno de los poemas que está en la sección «Subterráneos». Se toma de uno de esos poemas la frase. Lo siniestro es algo que caracteriza a los poemas de Carne cruda.
El sueño se manifiesta con un lenguaje propio, distinto al que manejamos cuando estamos despiertos, vigilantes. En el sueño todo se redacta, por así decirlo, con símbolos. Qué queremos decir, no lo sé. Los surrealistas decían que esa era la verdadera realidad; que cuando estábamos despiertos estábamos en otra cosa, en algo no importante. Según ellos, los sueños eran una realidad interrumpida, una misma realidad que se interrumpía cada vez que nos despertábamos. No sé si en los sueños se almacena un lenguaje común a todos.
Sobre la autora
María del Carmen Yrigoyen Arbulú (Lima, 1987) es periodista de la Pontificia Universidad Católica del Perú y egresada de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Mayor de San Marcos. Ha publicado diversas crónicas y reportajes en el semanario Hildebrandt en sus trece, el diario El Comercio, la revista Somos y el medio digital El Foco. Es autora del cuento infantil La siesta (Colmena Infantil, 2023) y el poemario Carne cruda (Alastor Editores, 2024), y coautora de las antologías poéticas Aquí no hay musas (Editora Perú, 2023) y Mare Nostrum (Garamond, 2024).
Los cinco libros favoritos de María del Carmen Yrigoyen
- En el lago, de Yasunari Kawabata.
- Ciudad de cristal, de Paul Auster.
- Manual del contorsionista, de Craig Clevenger.
- De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver.
- El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin.

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